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El príncipe Carlos junto a la reina en un balcón del Palacio de Buckingham, el día 2 de junio de este año, durante un acto por el Jubileo de Platino de la soberana, que celebra los 70 años desde su ascensión al trono AFP
Carlos III se sube al trono con 73 años

Carlos III se sube al trono con 73 años

La modernización de la monarquía o el futuro de la Unión y de la Commonwealth serán sus desafíos más importantes

paula rosas

Londres

Jueves, 8 de septiembre 2022, 19:41

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Ha sido el heredero británico que más ha esperado para acceder al trono -en 2011 superó el récord de 59 años, dos meses y trece días que hasta entonces acaparaba Eduardo VII-, y también a sus 73 el monarca de mayor edad en sentarse en él por primera vez. Mientras que su madre se puso la corona casi por sorpresa siendo apenas una veinteañera, el desde ayer rey Carlos III ha tenido toda la vida para prepararse, aunque no por ello se enfrenta a un reto fácil. Los primeros días de su reinado están planificados, casi minuto por minuto. Pero el camino que se extiende más allá está lleno de desafíos, entre ellos la modernización de la monarquía y el futuro mismo de la Unión y de la Commonwealth.

Carlos Felipe Arturo Jorge es monarca desde el mismo momento en el que su madre falleció, según la máxima 'Rex nunquam moritur' (el rey nunca muere). «La continuidad está asegurada y nada cambia en la Constitución», sostiene Catherine Haddon, historiadora del Institute for Government, quien considera que su primer gran reto será transmitir ese sentimiento de continuidad en un país en el que la mayoría de sus ciudadanos solo ha conocido a Isabel II en el trono y, a la vez, «dar una impresión de cambio, de qué tipo de rey va a querer ser y hacia dónde va a llevar a la familia real».

Comunicado del rey Carlos III en el que lamenta el fallecimiento de su madre R. C.

No será sencillo. Los británicos conocen una forma de ser monarca, la que ha desempeñado su madre durante siete décadas. Carlos III tendrá que convencerlos de que puede haber otras maneras. La institución basa su legitimidad en la confianza pública y el nuevo rey, mucho menos popular que su madre -o que su hijo Guillermo, el ahora heredero-, tendrá que ganársela.

En los últimos tiempos, los británicos han podido vislumbrar cómo será el reinado de Carlos, especialmente desde que empezó a asumir más responsabilidades oficiales tras la muerte de su padre, el duque de Edimburgo, en abril de 2021. Empezaba el ocaso de una era. La familia real, y todo el país, fue consciente entonces de la vulnerabilidad de la reina, a punto de cumplir 95 años, y aceleró el proceso de transición que se había iniciado unos años atrás.

Carlos comenzó a estar cada vez más presente y, sobre todo, era más visible en los momentos de mayor relevancia. Una de sus primeras tareas oficiales fue la de acompañar a la reina como consorte oficial a la apertura ceremonial del Parlamento británico en mayo, algo que ya hacía desde 2016, cuando su padre se retiró de sus obligaciones oficiales, pero esta vez con un papel más activo. Ya entonces representaba a la monarca en los viajes al extranjero -ayudado por los duques de Cambridge, Guillermo y Catalina, y, hasta que renunciaron a sus títulos, también los de Sussex, Enrique y Meghan- ya que Isabel II había dejado de viajar fuera del país en 2015.

Arquitectura y ecología

El alejamiento progresivo de la reina de los actos públicos por su avanzada edad ha permitido que la transición haya sido gradual. En los últimos años, las ceremonias de investidura y de condecoración, que Isabel II consideraba una de sus más importantes obligaciones, eran llevadas a cabo en su mayoría por Carlos, su hijo Guillermo, o su hermana Ana.

Esa transición se ha ido apreciando también en su carácter. Mientras su madre se guardaba bien de expresar sus opiniones en público y apenas se sabía sobre sus gustos o intereses -caballos y perros aparte-, el nuevo rey ha sentido la necesidad desde pequeño de manifestar en público sus opiniones sobre los temas que le apasionan, como la agricultura ecológica, cambio climático y arquitectura. Son famosas las cartas que ha enviado a los sucesivos gobiernos para expresar su punto de vista e intentar influir sobre ciertos asuntos, a veces incluso con polémica de por medio, como cuando intentó que el Sistema Nacional de Salud financiara terapias alternativas y científicamente desacreditadas como la homeopatía.

Una de las grandes virtudes de su madre fue precisamente que muchos británicos podían identificarse con ella: debido a su hermetismo cada uno podía creer que, en el fondo, la reina pensaba como ellos. Con Carlos no sucede igual. Su entusiasmo con el islam o con la protección del medio ambiente rechinan entre los conservadores, mientras que su defensa de estampas del pasado como la caza del zorro caen mal entre los progresistas. «En los últimos 20 años ha intentado cambiar esa imagen pública», defiende Haddon, «y suponemos que querrá continuar con la tradición de su madre, pero no sabemos cómo se va a desarrollar así que, con el tiempo, va a ser una prueba importante para nuestra Constitución, que depende de la idea de que el monarca permanece fuera de la política para poder ejercer un papel neutral en momentos de crisis». El propio Carlos reconoció en una entrevista en la BBC en 2018 que las labores del heredero y del monarca son muy distintas, y que era «un disparate» pensar que iba a a seguir haciendo exactamente lo mismo cuando ascendiera al trono.

Carlos también planea reducir el número de miembros de la familia real que ejercen funciones oficiales, algo que ya se ha ido viendo en los últimos años. Mientras que Isabel II tenía «en plantilla» a tres de sus primos, a sus hijos -la princesa Ana, el príncipe Eduardo y su esposa Sofía de Wessex, y el príncipe Andrés hasta que cayó en desgracia por sus vínculos con el pederasta estadounidense Jeffrey Epstein-, además de a los duques de Cambridge y a los de Sussex, Carlos planea centrarse en su familia más inmediata: sus hijos, nueras y nietos. Con el alejamiento de Enrique y Meghan, sin embargo, toda la responsabilidad recaerá sobre el nuevo príncipe de Gales, su esposa Catalina y los hijos de estos, aún pequeños. Habrá más trabajo pero también -parece ser la explicación- menos gastos y menos posibilidades de escándalos.

El problema escocés

¿Tendrá Carlos el mismo papel unificador que ha desempeñado su madre durante siete décadas? Este va a ser uno de sus grandes retos para el nuevo monarca en un Reino Unido donde las pulsiones secesionistas han ido en aumento. Durante el referéndum sobre la independencia de Escocia de 2014, las campañas nacionalistas defendían a Isabel II como «reina de los escoceses». No está tan claro que los partidos secesionistas defiendan con la misma vehemencia a Carlos, y el momento de la sucesión podría alimentar los sentimientos republicanos.

Algo parecido sucede en el seno de la Commonwealth. El rey, además del Reino Unido, es jefe de Estado de 15 de las 54 naciones de esta unión, que tiene su origen en el antiguo imperio británico. Pero la jefatura de la Commonwealth no es hereditaria, y sus miembros solo aceptaron en 2018 que pasara a Carlos por expreso deseo de Isabel II. Muchos querían que fuera rotatoria para sacudirse el pasado colonial de la institución, y lo vivieron como una oportunidad perdida para modernizarse.

Retos no le van a faltar. El más importante ha empezado ya: sobrevivir a la larga y longeva sombra de Isabel II.

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