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Agustín Coscia, autor del segundo gol del Hércules, lo celebra sobre el césped del Rico Pérez. Shootori
Adiós, caucho, adiós
Opinión

Adiós, caucho, adiós

Parece que Enrique Ortiz está 'caliente' y quiere apostar fuerte en Primera RFEF para aprovechar la ola buena. Ahora es el momento

Lucas V. Belmar

Alicante

Martes, 7 de mayo 2024, 09:56

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Diez años de batallas en el caucho quedan atrás. Se dice pronto, pero a todos se nos han hecho un mundo. Ahora el césped artificial lo pisarán sólo nuestros hijos cada fin de semana. Desde que el Hércules descendiera a Segunda B en 2014, los proyectos han ido chocando contra un muro año tras año. Vicente Mir, Manolo Herrero, Lluís Planagumà y Sergio Mora lo tuvieron cerca, pero siempre por la vía de la promoción, que resultó esquiva y, en la mayoría de casos, especialmente cruel.

La gloria (sí, ya sé que es un ascenso de la cuarta a la tercera categoría) ha sido para Rubén Torrecilla, un técnico apasionado, obstinado en su idea de juego, gran motivador y respetado por su vestuario. A Paco Peña le ha dado premio su apuesta por futbolistas con hambre cuyos mejores partidos están por llegar y no al revés. Tal vez por eso Míchel fue el primero en salir. Torrecilla quería piernas y ambición y con eso le ha bastado para celebrar un ascenso tremendamente emotivo. La categoría era mediocre y el Badalona Futur lo tenía en su mano, pero el mérito de cerrar el curso con seis victorias seguidas es innegable y nadie se lo puede quitar a este vestuario.

Eran muchos 14 años sin ir a Luceros, ha quedado gente querida en el camino, los niños se han hecho mayores y todas esas historias que oían de invadir el terreno de juego del Rico Pérez por fin se han convertido en realidad, aunque sea en Segunda RFEF.

Parece que Enrique Ortiz está 'caliente' y quiere apostar fuerte en Primera RFEF para aprovechar la ola buena. Ahora es el momento. Tiene a una generación de herculanos con hambre de Rico Pérez y una columna vertebral en el vestuario sobre la que poder construir en una categoría muy dura, repleta de históricos en horas bajas y filiales talentosos.

Pero el dueño también tiene quiere ver más allá si quiere que el herculano le empiece a tener estima tras dos décadas de gestión caótica. El fútbol base, algo capital, necesita instalaciones y medios. Y, por pedir, un Rico Pérez que no se caiga a pedazos porque un día ocurrirá una desgracia. ¡A la faena!

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