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Juan Abarca Cidón, presidente de HM Hospitales
Juan Abarca Cidón | Presidente de HM Hospitales

«La sanidad es humanidad, no un puro intercambio comercial»

Un padre y una madre médicos, y tres hijos que han seguido sus pasos. Con esos mimbres, la historia de HM Hospitales es la de la familia Abarca Cidón. Ellos levantaron la empresa y ellos establecieron su propósito, basado en tres ejes: asistencia médica, docencia e investigación.

Juan José Esteban

Viernes, 12 de mayo 2023, 11:38

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- La sanidad es un tema recurrente en todas las conversaciones: la pública, por su notable deterioro; y la privada, porque sobre ella se extiende la sospecha de que pone el negocio por encima de la salud…

- Aportar beneficio no tiene por qué ser un tema exclusivamente económico. La actividad sanitaria privada también aporta mucho desde el punto de vista social y humano. Y nuestros accionistas, que en la gran mayoría son médicos, fomentan que todo lo que se haga tenga el foco en los pacientes, dejando de lado un poco, si es necesario, los beneficios económicos. Lo que no quiere decir que obviamente no estemos aquí para ganar un dinero que necesitamos para ser sostenibles y crecer.

- Decir que la medicina debe colocar al paciente en el centro de todo es una obviedad. Pero en su modelo, ahí también están colocados empleados, médicos colaboradores, proveedores, accionistas y la sociedad en general…

- El que trabaja en el sector sanitario debe tener la sensibilidad y la empatía suficiente como para saber el beneficio que aporta a los pacientes la familiaridad y el trato afable. Afortunadamente, tenemos un trabajo con muchísimo componente humano: la sanidad es humanidad, no un puro intercambio comercial. Y yo creo que en esa misma interacción hay una parte de beneficio que es muy difícil de encontrar en otro tipo de profesión.

- La actividad de HM Hospitales se sustenta en tres ejes: asistencia médica, docencia e investigación. ¿Cómo hacen para que las dos últimas no estén condicionadas por cuestiones de índole económica?

- Nosotros aportamos a la asistencia sanitaria ciencia, calidad, calidez e innovación a través de la docencia y la investigación. Y eso no se puede entender como un gasto.

- ¿Qué llevó a la familia Abarca Cidón a querer que su compañía tuviera un propósito corporativo y a gestionar bajo su significado?

- El propósito lo inician mis padres, y mis hermanos y yo hemos tenido la suerte de poder desplegarlo y llevarlo a su máxima expresión. Pero esto no es una cuestión de propósito, es que nosotros lo llevamos en la sangre; hemos mamado cómo mi padre atendía a los pacientes cuando empezaron hace más de treinta años con el grupo, la manera en la que mi madre trabajaba con los profesionales, cómo mi padre enfocaba los proyectos… Es que no sabemos hacerlo de otra forma. Porque lo importante es para qué haces las cosas y cómo, no el por qué.

- El para qué trabajan está claro. Pero, ¿y el futuro? ¿Qué legado querría dejar?

- No lo sé. Yo tengo 51 años y mis hermanos son algo más pequeños que yo. Los tres aspiramos, en la medida de nuestras posibilidades, a que el efecto transformador que podamos aplicar a la sociedad lo hagamos nosotros. De alguna manera hemos contribuido a socializar la medicina y a que un paciente, pagando 50 o 60 euros de prima al mes, pueda disponer de la más alta tecnología y de la mayor calidad asistencial por nuestro modelo de centralización y de complejidad asistencial. Ya hemos contribuido a transformar el sistema sanitario privado: cuando nosotros empezamos, en Madrid no había hospitales universitarios; los hicimos y después se han hecho muchos otros.

- ¿A qué ha renunciado o estaría dispuesto a renunciar como presidente de HM Hospitales con tal de cumplir su propósito?

- Llevo 25 años con el teléfono siempre abierto, 24/7. Y he renunciado a muchas cosas por practicar y gestionar la medicina de esta forma. Pero estaría dispuesto a dejar HM Hospitales si no pudiera ejercer como lo hago. Y esto es lo más importante que te puedo decir.

- ¿Que HM Hospitales naciese como una empresa familiar y que sus padres, los doctores Juan Abarca y Carmen Cidón, definiesen hace 34 años sus valores cómo les beneficia?

- Mi padre siempre me decía que el despacho está en los zapatos, y esto es una continuación de sus valores: priorizar al paciente por encima de cualquier otra cosa. En HM Hospitales todo el mundo se deja un poquitín de sí mismo en pro de la institución. Y el proyecto, al final, no sé si sería poner al paciente en el centro, pero sí centrarnos en él totalmente, cada uno en su medida, en aportar su granito de arena para que su experiencia como paciente, como usuario, sea lo mejor posible.

- ¿Qué diferencia a un médico o a un celador que trabajan en HM Hospitales de los que ejercen en otro lado?

- Yo no sé cómo trabajan en otras compañías, pero sé cómo se trabaja en la mía. Aquí, con independencia de que obviamente la máxima autoridad clínica del paciente la tiene el médico, todos somos parte de una rueda dentada donde cada piñón es imprescindible. Para mí, es igual de importante en la cadena de valor hacia el paciente la limpiadora, el camarero de la caja o el médico. Porque esto es una cuestión de experiencia y debes dar calidad asistencial, pero la gente también debe irse reconfortada.

- Cuando deje la corporación, qué deberes tiene anotados en la libreta para engrandecerla aún más?

- Crear sinergias asistenciales. Mi obligación es promover que al paciente de Santiago de Compostela, de León, de Málaga, de Barcelona, o de donde sea, se le den las mismas oportunidades que al de Madrid. Es decir, que todo funcione como un único hospital. En Madrid lo tenemos mucho más avanzado, llevamos 30 años de historia, hemos ido creciendo, construyendo. Obviamente, en otros sitios es más complicado porque tienes que ir haciéndolo a medida que avanzas. Y otra cosa: cuando empezamos a hacer investigación como Dios manda, hace 15 años, yo decía que quería ser una de las cinco empresas del mundo con más factor de impacto en publicaciones. Eso era un sueño, claro, pero siempre hay que marcarse grandes objetivos, inalcanzables, porque muchas veces la vida te sorprende.

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