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Material usado en los talleres que se imparten en una unidad de salud sexual de Alicante Miriam Gil Albert
La caída del uso del preservativo desata un alarmante repunte de las infecciones de transmisión sexual

La caída del uso del preservativo desata un alarmante repunte de las infecciones de transmisión sexual

La incidencia de enfermedades como la gonorrea ha subido en un 70% respecto a antes de la pandemia | Los sanitarios alicantinos piden más campañas de concienciación ante la «falsa» sensación de seguridad respecto a las ETS

Pau Sellés

Alicante

Sábado, 18 de marzo 2023

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33 años han pasado ya de una de las campañas publicitarias que más ha hecho en favor de la salud sexual de los españoles. El lema 'Póntelo, pónselo' favoreció el uso del preservativo en una época en que el VIH supuso una verdadera alarma sanitaria. El mensaje caló, pero con el tiempo sus efectos han empezado a diluirse. Entre las generaciones Z y Alfa -los nacidos a partir de los 90- ese mensaje parecer ser un anacronismo, algo que amenaza con convertir al profiláctico en un factor residual dentro la ecuación del sexo.

Los datos recogidos en la Red de Vigilancia en Salud Pública de la Comunitat son la muestra más palpable en la caída del uso del preservativo, y es que las ETS (enfermedades de transmisión sexual) han sufrido un alarmante repunte tras la pandemia. Las infecciones gonocócicas (gonorrea) encabezan la lista, con una subida de su incidencia en un 68% entre 2019 y 2022. De 1.432 casos a 2.091 en solo tres años, con una tasa de infección por 100.000 habitantes que ha subido a 40,38.

El resto de infecciones también han repuntado, aunque en menor medida. La sífilis ha pasado de 455 casos (tasa de 9,10) en 2019 a 743 (14,35) en 2022; mientras que la clamidia ha subido de 1.711 casos (tasa de 34,20) a 2.261 casos (tasa de 43,70).

De izquierda a derecha, la doctora Macarena Quesada, la enfermera Aitana Rodríguez, y la psicóloga clínica María Dolores Yáñez
De izquierda a derecha, la doctora Macarena Quesada, la enfermera Aitana Rodríguez, y la psicóloga clínica María Dolores Yáñez Miriam Gil Albert

Las fuentes sanitarias consultadas coinciden unánimemente al señalar la raíz del problema: la caída en el uso del preservativo. Macarena Quesada es médica en una de las 81 Unidad de Salud Sexual y Reproductiva que hay en la Comunitat. Su consulta se encuentra en el centro de salud alicantino de Campoamor, cuya actividad asistencial -entre diferentes servicios- incluye la prescripción y el control de métodos anticonceptivos.

Pérdida de la sensación de riesgo

Entre los factores que la doctora atribuye al decaimiento del uso del condón se encuentra la pérdida de sensación de riesgo respecto a virus como el VIH (causante del Sida). «El riesgo de muerte por Sida era antes mucho más elevado de lo que es actualmente. Ahora, por suerte, es una enfermedad más que se puede tratar; por eso se le ha perdido el miedo».

Los factores sociológicos también parecen tener un gran peso en la proliferación de las ETS. «Ahora afrontamos el sexo de otra forma; cada vez hay más intercambio de parejas sexuales, lo cual ayuda a la proliferación de estas infecciones», apunta la doctora Quesada, quien hace la siguiente distinción respecto a la incidencia de las infecciones: en las mujeres repunta más la clamidia, en hombres la infección gonocócica, y en varones de mayor edad la sífilis.

El profiláctico se usa poco, y en muchos casos también de manera indebida. Así lo reconoce la enfermera Aitana Rodríguez Quereda, destinada también en la unidad de salud sexual en el centro de salud de Campoamor. «A muchas jóvenes sólo les preocupa no quedarse embarazadas, por lo que no usan el condón correctamente; es decir, durante todo el acto sexual, y no solo en el momento de la eyaculación», apunta la enfermera; opinión en la que coincide la psicóloga clínica María Dolores Yáñez, que también ejerce en el centro de salud de Campoamor.

La doctora Quesada añade otro problema, y es la persistencia en las prácticas de riesgo. «Si después del diagnóstico persiste la misma actitud, es muy difícil solucionar el problema». A eso también contribuye el hecho de que muchos de los actuales tratamientos antibióticos frente a las ETS se administren por monodosis, algo que los vuelve aún más recurrentes para la usuaria. «Los pacientes son malos cumplidores cuando el tratamiento exige continuidad en el tiempo».

«A muchas jóvenes sólo les preocupa no quedarse embarazadas, por lo que no usan el condón correctamente; es decir, durante todo el acto sexual, y no solo en el momento de la eyaculación»

Aitana Rodríguez Quereda

Enfermera en el centro de salud Campoamor

La elevada dependencia en el uso de fármacos redunda a su vez en una mayor resistencia de los gérmenes a la antibioterapia. «Empezamos a identificar una reducción en la respuesta a algunos tratamientos que hace una década eran muy efectivos», apunta la facultativa.

Falsos mitos en las redes sociales

Como no podía ser de otra forma, las redes sociales también juegan un papel esencial en la educación sexual de los más jóvenes. Lidia Loya es médica en la Unidad de Salud Sexual y Reproductiva de Alicante I, quien alerta de la elevada desinformación y falsos mitos que proliferan en estas plataformas.

«Los jóvenes tienen cada vez más confianza en las 'influencers' y menos en el personal sanitario», asegura la médica de familia. Entre esas falsas concepciones hay de todo: desde que algunos métodos engordan o favorecen la aparición de granos, o que otros como los implantes anticonceptivos presentan riesgos de migrar hasta el pulmón -lo cual no es posible-.

«Los jóvenes tienen cada vez más confianza en las 'influencers' y menos en el personal sanitarios»

Lidia Loya

Doctora en la Unidad de Salud Sexual y Reproductiva de Alicante I

Las apps de citas también pueden ser una puerta abierta a las ETS en caso de no adoptar las medidas de protección necesarias. «La gente debe tener toda la libertad de aprovechar estos recursos. Pero resulta muy imprudente mantener relaciones sexuales sin preservativo con gente que no conoces previamente», alerta Loya.

En casos como estos, la doctora ve con buenos ojos adoptar una práctica que se está popularizando en Estados Unidos. «Allí se está convirtiendo en una costumbre pedir los resultados de una prueba de serología antes de una cita» para saber si la otra persona tiene una enfermedad venerea.

La doctora Lidia Loya en mitad de una consulta
La doctora Lidia Loya en mitad de una consulta Miriam Gil Albert

Internet es la vía de entrada para otro agente que puede enturbiar la vida sexual de la población joven: la pornografía. «Muchos jóvenes ven en el porno una referencia para sus prácticas sexuales, y eso es muy peligroso. Estamos hablando de algo que no es real, es pura ficción», apunta la facultativa, quien también alude a los inquietantes resultados de un estudio. «Cerca del 90% de jóvenes universitarias reconocen haber sufrido algún tipo de agresión sin su consentimiento durante una práctica sexual, ya sea un mordisco, un tirón de pelo o un intento de asfixia».

Un servicio desconocido para la mayoría

Por situaciones como esas, resulta esencial la labor de las unidades de salud sexual y reproductiva, por lo que los profesionales consultados coinciden en afirmar que es fundamental incrementar su visibilidad entre la ciudadanía. «Hay mucha desinformación al respecto de la labor que hacemos aquí. Algunas usuarias han llegado a presentarnos su tarjeta de crédito pensando que somos un servicio privado», apunta la ginecóloga.

Las mujeres concentran el 93% de las atenciones, mientras que el grupo de edad más frecuente es el de 40 a 59 años, que concentra el 32% de pacientes

Perfil de usuarios de las Ussyr

A pesar de ese desconocimiento al que alude la doctora, lo cierto es que en 2022 estas unidades incrementaron en un 5% sus atenciones respecto al año anterior. En nuestra provincia, se atendieron un total de 158.301 consultas durante todo el año.

Las mujeres suponen el 93% de los usuarios que recurren a estas unidades, mientras que el grupo de edad más frecuente es el de 40 a 59 años, que concentra el 32% de pacientes.

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