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Charles Leclerc celebra su triunfo en el podio de Mónaco. AFP
Leclerc acaba por fin con su maldición en Mónaco, con Sainz tercero
GP de Mónaco

Leclerc acaba por fin con su maldición en Mónaco, con Sainz tercero

El monegasco logra la victoria en su casa, por delante de Piastri y el madrileño, en una carrera con acción en la salida, siesta en el resto y Alonso undécimo

David Sánchez de Castro

Domingo, 26 de mayo 2024, 15:00

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Charles Leclerc, por fin, fue profeta en su tierra. El monegasco ganó el gran premio más legendario del calendario, pero también el más anodino. Pocos adelantamientos, poca acción y mucha gestión coparon las 78 interminables vueltas de la cita en Mónaco, pero que hicieron triunfar a Ferrari. Tras él monegasco entraron en meta Oscar Piastri y Carlos Sainz, que sumó ya su tercer podio en el Principado con la Scuderia. Para Leclerc fue un día de gloria marcado por lo vivido en la primera vuelta, con un fuerte accidente de Sergio Pérez con Kevin Magnussen que obligó a una bandera roja. Fue lo más destacado de una carrera que sacó lo peor de esta Fórmula 1 por mucha parafernalia que rodee a este circuito.

Fernando Alonso, que partía desde la 14ª posición -y gracias a la descalificación previa de los Haas, ya que si no hubiera sido 16º en parrilla-, sufrió en sus carnes la idiosincrasia de Mónaco en su 70ª edición. El asturiano apenas pudo subir posiciones en pista por adelantamientos, pero se vio beneficiado por los incidentes por delante y rozó la zona de puntos, hasta entrar en la undécima plaza al final. Insuficiente.

El comienzo de la carrera de Mónaco dejó dos grandes incidentes. El primero, protagonizado por Sainz, que se tocó mínimamente con Piastri en los metros iniciales. El madrileño se fue recto en una de las pocas escapatorias con el monoplaza tocado, cuando se produjo por detrás el principal contratiempo que marcó el arranque de la prueba.

Magnussen, cuya exclusión de una carrera se hace casi obligatoria, se pasó de optimista cuando estaba intentando adelantar a Sergio Pérez. El mexicano tampoco dejó un ápice de espacio, por lo que el contacto fue inevitable y ambos acabaron estrellados, con especial daño para el Red Bull, que se quedó sin ninguna rueda. Entre las víctimas colaterales, también el otro Haas, el de Nico Hulkenberg, y entre los beneficiados, Fernando Alonso, que vio cómo un gran rival se le quitaba de en medio. Para más caos, los Alpine demostraron de nuevo que menos buen rollo hay de todo en ese equipo, cuando Esteban Ocon se subió literalmente en Pierre Gasly a la entrada del túnel, lo que le costó una sanción en la parrilla de la próxima carrera y una bronca seria de los jefes de Alpine, que incluso aventuraron «consecuencias muy serias».

Todos estos incidentes hicieron obligatoria una bandera roja que paró la carrera durante unos minutos. Además, entre los afectados también estuvo un fotógrafo italiano que estaba en la zona. Después del parón, que duró casi 40 minutos, para que arreglaran el guardarraíl donde golpeó el Red Bull de Pérez, se resolvió que fuera una resalida en parado, con Sainz tercero al considerar que su salida en Santa Devota con el coche pinchado no era suficiente y consideraron el último sector por el que habían pasado. Así, el madrileño pudo volver a salir tras Leclerc y Piastri.

Resalida

Visto cómo fue el inicio, en la resalida nadie apretó. Ni mucho menos lo iba a hacer Charles Leclerc, consciente de que podía ganar el primer GP de Mónaco de su carrera deportiva. El mejor resumen de lo que fueron las siguientes vueltas lo dejó por radio Max Verstappen, que en ningún momento tuvo opciones de ganar, y eso ya es noticia: «Esto es realmente aburrido, debería haberme traído una almohada».

Y es que tras la segunda salida no se movió nada hasta casi el final. Leclerc se puso a contemporizar, rodando casi cuatro segundos más lento de lo que podría para evitar una posible avería que le dejara fuera de carrera. Oscar Piastri, segundo, nunca tuvo opciones de adelantarle, por lo que se conformó en controlar al de Ferrari mientras ponía un ojo en el retrovisor. Ahí veía a Carlos Sainz, que varias veces llamó a la radio a ver si podían hacer algo distinto… pero nada les hizo cambiar. De hecho, incluso advirtieron a Leclerc de que fuera más lento aún para prevenir un eventual 'undercut' de Piastri o de Norris a sus pilotos.

El 'catenaccio' no fue una estrategia exclusiva de los de arriba. De hecho, también Tsunoda para confirmar el octavo puesto o Alonso con el duodécimo para cubrir a Stroll, que iba por delante, aflojaron notablemente su ritmo para garantizar que no hubiera averías de ningún tipo. Para desgracia de los aficionados, tanto los que pagaron la millonada de las entradas en las (pocas) gradas de Mónaco, como los de televisión. Todos esperaban un incidente que propiciara un coche de seguridad para que se moviera un poco el árbol.

Y casi lo provoca el propio Stroll, cuando de manera incomprensible -o no tanto, si se tienen en consideración sus precedentes- se dio con el interior del guardarraíl de la chicane de la piscina y tuvo que entrar a boxes a poner neumáticos nuevos. El trabajo de escudero de Alonso, a la basura.

Un final con algo de sal

Como si el incidente de Stroll despertase a todos, empezó la acción mínimamente. Hamilton y Verstappen pararon en boxes para buscar menear un poco la pelea por el cuarto puesto, que estaba en manos de Russell, que no lo hizo. Sorprendentemente, Mercedes se durmió en los laureles y obligó a su piloto a aguantar al campeón del mundo con peores ruedas de las que debería, también ayudado el de Red Bull por la dejadez de Hamilton, que no le puso resistencia. Por delante, las miradas estaban puestas en McLaren, con Piastri buscando sorprender a Leclerc, y Norris para hacer lo propio con Sainz.

Pero la tensión no se tradujo en cambios. Leclerc logró, por fin, la victoria en casa, por delante de Piastri, que no pudo hacer más, y Sainz, que bien firmaba ese podio antes de la salida. Fernando Alonso, undécimo, se conformó con acabar la carrera antes de pensar ya en Canadá.

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