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El hermano Meseguer, en su nueva residencia en Salamanca. T.A.
Nace la leyenda del hermano Meseguer en los Jesuitas de Alicante

Nace la leyenda del hermano Meseguer en los Jesuitas de Alicante

El colegio despide al religioso después de toda una vida dedicada al centro

Domingo, 17 de marzo 2024, 07:43

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Hay personas muy especiales, que marcan huella y dejan su poso allá por donde pasan, sean trabajos, lugares o compañeros. Amador Meseguer, el hermano de Meseguer, es uno de ellos. Este menudo religioso ha sido toda una institución en el colegio Jesuitas de Alicante y ahora ya es una leyenda. «Puede que no se seas inmortal, pero eres eterno», le glosaron en la emotiva despedida que le ofreció toda la comunidad educativa, alumnos y compañeros, en su despedida.

El hermano Meseguer estaba antes, incluso, que el propio colegio. Es uno de los mitos que circulan por los pasillos del centro. Puede que no sea verdad, pero sí será cierto. El hermano Meseguer llegó a los Jesuitas de Alicante en 1963 y ha permanecido hasta 2024, cuando la orden le ha enviado ya con sus 90 años a Salamanca. No sin antes haber recibido todo el cariño y el afecto que él dio todos estos años.

Amador Meseguer nació en Orihuela en 1934 y llegó a los Jesuitas en 1963 como profesor de Religión. Allí comenzó a dar clase. No hay forma precisa de medir en cuánta gente ha influido el Hermano Meseguer en su vida: «No hay respuesta exacta: miles y miles y miles de niños y niñas, grandes y pequeños, profesores, madres y padres, familias enteras que dentro de si llevamos un poquito de él, porque el hermano Meseguer es universal», le expresaron en su emocionante despedida.

Para muchas generaciones de alumnos, el hermano Meseguer fue su guía hasta la primera comunión. Entre ellos, distinguidos alumnos como el alcalde de Alicante, Luis Barcala. Con su voz, sus diapositivas y la explicación de las parábolas y pasajes de las Sagradas Escrituras. A todos ha marcado.

Continuó después de la jubilación, porque ni el hermano Meseguer entendía la vida sin el colegio, ni los Jesuitas concebían un colegio sin él. Por eso, siempre estaba ahí: en las misas, en los recreos, en las excursiones... Fueran días lectivos o fiestas de guardas, en la Misa del Gallo o en el Día del Colegio. Permanecía siempre al lado de todos.

Ahora, han debido decirle adiós con uno de los actos más emotivos que se recuerdan en esos pasillos. El hermano Meseguer ha dejado el centro para marcharse a la residencia de la orden en Salamanca, pero no se ha marchado, ni nunca lo hará. Porque el hermano Meseguer no es inmortal, pero para los Jesuitas de Alicante es eterno.

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