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El edificio de la pirámide parece la vela de un barco sobre el árbolado.

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El edificio de la pirámide parece la vela de un barco sobre el árbolado. Shootori

¿Quién vive en la Pirámide de Alicante?

El singular edificio es uno de los más amados o denostados de la capital | Lola vive desde los 80 en uno de los pisos del Montreal, su nombre oficial

Jueves, 20 de octubre 2022

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Si hay un edificio que todo alicantino ha comentado alguna vez en su vida, para alabar con ímpetu o criticar con acidez, ese es la Pirámide. El edificio Montreal, que así se llama oficialmente, es uno de los que mas pasiones y odio levanta del «skyline» alicantino, un hito arquitectónico que ha sido calificado como uno de los más feos de España y que sin embargo mantiene un encanto particular.

Esta calificación no la comparten las personas que viven en el mismo. Es el caso de Lola, de 87 años, que lleva desde 1980 viviendo en este curioso edificio. «Todos los vecinos que vivimos aquí estamos encantados. Lo que más me gusta es el sol, que te entra en toda la casa y como todos los pisos son exteriores abres una ventana y otra y tienes mucho aire», explica la octogenaria.

Lola disfruta de las vistas a la Serra Grossa que hay desde los ventanales de su salón.
Lola disfruta de las vistas a la Serra Grossa que hay desde los ventanales de su salón. T. Compañy Martínez

Esa fue justamente una de las razones que llevaron al arquitecto Alfonso Navarro a elegir esta forma tan peculiar para su edificio. «Según la ordenanza de aquel momento en ese solar yo podría haber hecho dos torres cuadradas, pero se habrían dado sombra la una a la otra. Al hacer un edificio plano todos los pisos miran al mar y no se hacen sombra«, explica el ideólogo del Montreal.

Con esta estructura Navarro burló a la normativa que exigía que la altura del edificio debía de ser vez y media la distancia de la calle. «Yo pensé, si empiezo a decrecer el edificio de cero y voy dándole cada vez mas distancia desde la calle, tendré más distancia media y una forma triangular», afirma el arquitecto.

«Todos los vecinos que vivimos aquí estamos encantados. Lo que más me gusta es el sol, que te entra en toda la casa»

Lola Vicente

Vecina de la Pirámide

Con esta triquiñuela el arquitecto consiguió aumentar en alturas el edificio, hasta alcanzar las 25 plantas y dotarlo de esa estructura tan diferente. «Es una vela de un barco, una vela cómo símbolo del Mediterráneo. Yo quería que la fachada fuera de cristal para reflejar el mar», explica Navarro, quien también insiste en que en arquitectura el simbolismo tiene que estar supeditado a la función.

Lola llegó al Montreal en los primero años de construcción, su marido montó el supermercado en uno de los bajos sobre los que se sustenta la estructura al aire de este edificio. Ella y su marido compraron sobre el plano la vivienda a la que se mudaron con sus tres hijos, entonces adolescentes.

Una decisión de la que no se arrepiente. «Casas como estas hay pocas, te asomas a un lado y ves gente, y al otro ves el mar y el castillo, ahora un poco menos desde que han construido el centro comercial», explica esta mujer sentada en uno de los sillones del salón iluminado.

«Yo me preocupé mucho de que la gente viviera feliz, viendo el mar, teniendo un sol magnífico teniendo un aire de poniente por el otro lado»

Alfonso Navarro

Arquitecto

Y es que si por algo destaca el Montreal es justo por eso, las vistas y la luz que inunda cada una de las estancias, y que está marcada por la disposición de las casas. «La gente piensa que esto son cajas de cerillas, pero en realidad son casas de más de 130 metros, tiene 4 dormitorios y 8 armarios, ¿quién tiene eso hoy en día?», insiste Lola.

Alfonso Navarro explica que cambiando la fachada de forma consiguieron aumentar el número de viviendas previstas, de 180 a 210, dejando viviendas grandes, que además como funcionaban como módulos iguales, lo que permitía aumentar el número de habitaciones por vivienda, y con unos grandes ventanales al mar y ventilación cruzada.

Desde el salón de casa de Lola se puede ver el Castillo de Santa Bárbara e incluso el mar.
Desde el salón de casa de Lola se puede ver el Castillo de Santa Bárbara e incluso el mar. T. Compañy Martínez

Lola insiste en que «este edificio o lo amas o lo odias, pero aquí estamos divinamente, hay mucha luz, aire y buena armonía». Mientas al lado su vecina sonríe, ella también llegó al edificio Montreal en los años 80 y lleva desde entonces viviendo en esta singular construcción. Destaca que son como una familia, «todos los que vinimos al principio nos conocemos».

Esa fue justo la prioridad para Alfonso Navarro «yo me preocupé mucho de que la gente viviera feliz, viendo el mar, teniendo un sol magnífico teniendo un aire de poniente por el otro lado». Este arquitecto explica que hay que tener en cuenta quién va a vivir en un edificio.

«Me han dicho que es el edificio más feo de España a mí me llenó de orgullo, porque en esa lista también estaban edificios de Bofill. Me pusieron junto a los grandes maestros de la arquitectura», ironiza Navarro sobre la polémica.

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La Pirámide, el Montreal, el edificio de la Goteta... los nombres de esta singular construcción fueron muchos desde el inicio, «lo llamaron de todo, -explica Navarro- cuando empezamos a construir la reacción era de sorpresa, el edificio del »coño«, la gente miraba para arriba y exclamaban ¡ah, coño!».

Como dice Lola, a la Pirámide o la amas o la odias. Lo que es innegable es el hito arquitectónico del que es uno de los primeros edificios de fachada triangular del mundo.

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