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Los vecinos esperaban en la Casa de Cultura de Aigües la evolución del incendio. t.a.

La angustia de los vecinos de Aigües: «Esta zona es un polvorín»

Una de las residentes narraba que a las 8 de la mañana y parecía que no había amanecido

Lunes, 16 de enero 2023

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Los vecinos de Aigües todavía tratan de asimilar el incendio que durante la mañana de este lunes -16 de enero- ha tenido en vilo al pueblo y a los efectivos que han trabajado en el siniestro, que no se ha controlado hasta las 8 horas del martes 17.

Aigües amanecía como cada día. Con paz y un aire fresco y limpio que solo unos pocos afortunados pueden disfrutar. El movimiento de las persianas era el primer ruido que sonaba entre los cánticos de los pájaros. Pero, entre el silencio y la tranquilidad, un estruendo marcaba el inicio del horror.

Eran aproximadamente las 7:30 horas cuando -según relata uno de los vecinos- un impacto sacudía la tierra. «Al principio pensaba que era un rayo», comentaba el damnificado. Lo que había escuchado era un chispazo de una torre eléctrica. El hombre aseguraba que no era la primera vez que ocurría, pero a diferencia de otras veces, el intenso viento complicaba la situación y avivaba unas llamas que pronto cogerían fuerza para devorar todo aquello con lo que se encontraban.

El susto y el miedo se propagaba por el vecindario conforme se escuchaba el griterío y las palabras de auxilio. La angustía se apoderaba de los vecinos que se avisaban puerta a puerta -debido a que en esta zona no hay cobertura- mientras una lengua de fuego iluminaba el horizonte.

Los vecinos se avisaban puerta a puerta ya que es una zona en la que no hay cobertura

Una de las vecinas de la localidad cuenta que, al despertarse -antes de darse cuenta del incendio-, no iba la luz y escuchaba más alboroto en el exterior de lo que es habitual a esas horas. Además, describía una imagen que le aterró. Le extrañaba la oscuridad para ser la hora que era. Al abrir las persianas, la mujer se encontraba con una noche cerrada: «Eran las 8 de la mañana y parecía que todavía no había amanecido».

Otro de los vecinos narraba la llegada de la ayuda. La Guardia Civil entraba con las sirenas puestas a la calle Atalaya -donde se ubican numerosas viviendas- y la urbanización Sierra Molina. El sonido irritante de los silbatos despertaba de golpe a los que todavía no eran conscientes de la situación. La Benemérita les invitaba a desalojar las viviendas por miedo a que el fuego se abalanzase sobre ellas.

Una de las evacuadas denunciaba que «esta zona es un polvorín». Argumentaba que, «al estar completamente rodeados de monte, cualquier llama puede causar estragos». La vecina relataba que en los veranos no duerme tranquila debido a que es una época negra para los incendios, «en las que cualquier chispa o persona que quiera hacer el mal puede sembrar el caos» en la localidad.

Otro de los damnificados narraba que disfrutaba de su café cuando, de repente, llegó un olor descomunal a quemado. Automáticamente corrió a por su hija y abrió la puerta. «Lo que vi es indescriptible», subrayaba con el susto todavía en el cuerpo.

Los niños y las mascotas eran lo primero que tenían en mente los residentes cuando les tocaba salir de sus casas: «A mi marido le han alertado unos vecinos y le ha dado tiempo a coger a las tres perras que tenemos, aunque no ha podido coger a los pájaros ni a las tortugas», explicaba una de las afectadas.

Al mediodía, la Guardia Civil autorizaba a los vecinos a volver a sus casas para hacerse con lo necesario, como ropa o medicinas. La incertidumbre afligía a los vecinos que no sabían si tendrían que pernoctar en la Casa de Cultura de Aigües o podrían volver a sus hogares.

Una abarrotada Casa de Cultura ofrecía caldo a los evacuados. En la puerta, los residentes se abrazaban y contaban entre risas -nerviosas- cómo había salido cada uno de su casa entre las prisas, la conmoción y la duda: en pijama, con el niño al brazo o con los perros.

Una de las evacuadas, con el pijama todavía puesto. a.h.

Una hora más tarde, los bomberos anunciaban la noticia más esperada y mejor recibida: el incendio estaba controlado. Los efectivos mantenían la prudencia, pero eran positivos. Un grupo de ciclistas bajaba la carretera CV-775 como si nada hubiese ocurrido, ajenos a los momentos de terror vividos en la misma zona pocas horas antes.

Gracias a la rápida actuación de los efectivos policiales y al arduo trabajo de los bomberos, no ha habido que lamentar ningún herido, aunque hasta el momento, se han visto afectadas 90 hectáreas. La Cruz Roja ha atendido y ha dado de comer a los evacuados. A las 17 horas los afectados han podido volver a su casas donde se recuperan del susto.

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