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Un menor haciendo uso de una tableta electrónica. TA
El abuso de las pantallas y la mala alimentación aumentan el riesgo de sufrir autismo

El abuso de las pantallas y la mala alimentación aumentan el riesgo de sufrir autismo

Cerca de 2.000 personas tienen un diagnóstico activo de esta condición en la provincia de Alicante, cuya evaluación precoz es clave en su tratamiento

Pau Sellés

Alicante

Miércoles, 24 de enero 2024, 20:03

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Alicante es la provincia de la Comunitat con más casos activos de Asperger, uno de los síndromes más frecuentes del Espectro del Trastorno Autista (TEA).  Hasta 1.912 personas sufren esta condición en nuestra provincia -de acuerdo a los datos de Atención Primaria ofrecidos por Sanidad-, de las que algo más del 81% son varones. 

Según voces expertas, la incidencia de esta condición médica ha aumentado «de manera exponencial» en los últimos años, algo en lo que nuestro estilo de vida tiene mucho que ver. Así lo reconoce Gema Sirvent, directora de la Clínica Casaverde Alicante y coordinadora de la III Jornada de Neurorrehabilitación Infantil que ha tenido lugar este miércoles en Alicante.

Sirvent diferencia entre los factores genéticos -el TEA tiene una base neurológica- y los de carácter ambiental, entre cuyos últimos destaca el abuso de las pantallas entre la población joven. «Esa sobreexposición a la tecnología influye a nivel cerebral en los menores, ya que reduce su grado de sociabilización y su cerebro se adapta a los estímulos instantáneos». 

La III Jornada de Neurorrehabilitación Infantil de Alicante ha tenido lugar en la sede de la Fundación Mediterráneo.
La III Jornada de Neurorrehabilitación Infantil de Alicante ha tenido lugar en la sede de la Fundación Mediterráneo. TA

Factores alimenticios como el consumo de comida ultraprocesada, o las conductas de riesgo de los progenitores -consumo de alcohol o tabaco- también se encuentran entre las causas de este repunte de casos. «Los estilos de vida han cambiado mucho. Las mujeres se han ido incorporando en mayor medida al mercado laboral y eso redunda en un mayor estrés, que es otra de las causas que explica el incremento de estos trastornos». Entre los factores causantes de esta condición también cabe hablar de los problemas que puedan aparecer durante la gestación, como infecciones virales en periodo perinatal o los nacimientos prematuros.

La neuropediatra Angela Sempere ha ahondado durante la jornada de este miércoles en los factores epigenéticos (ambientales) del TEA, entre los que se incluye la exposición a los metales pesados. Según Sempere, estos metales pueden ser el aluminio, el mercurio o el plomo, presentes en aceites vegetales, alimentos para bebés, colorantes alimentarios o comida ultra procesada.

En la línea de la alimentación, Minerva Linares, terapeuta ocupacional y especialista en nutrición, ha identificado una comorbilidad entre los problemas gastrointestinales y el autismo, asegurando que las personas que sufren TEA tienen una «alta probabilidad de sufrir dolencias gástricas, como el estreñimiento y la diarrea».

Más diagnósticos

Gema Sirvent ha reconocido que en la actualidad se realiza un mayor número de pruebas diagnósticas para detectar TEA, aunque «esa tendencia no es suficiente para explicar el repunte de casos». Según cuenta, a partir de los seis meses de edad ya se pueden detectar los primeros síntomas, aunque los diagnósticos suelen llegar de manera más frecuente entre los 12 y los 24 meses. «El TEA no se puede curar. Quienes lo sufren deben sobrellevar esa condición toda la vida, por lo que el diagnóstico precoz es el mejor aliado para su posterior tratamiento». 

En esa misma línea, la ponente Carmen Martínez, neuropediatra de la Clínica Casaverde de Murcia, ha recordado que los tratamientos del TEA «no son curativos», sino que tienen un componente sintomático, y que su mayor efectividad depende de una «intervención terapéutica precoz con un enfoque multidisciplinar».

«El TEA no se puede curar, quienes lo sufren deben sobrellevar esa condición toda la vida, por lo que el diagnóstico precoz es el mejor aliado para el posterior tratamiento»

Gema Sirvent

Directora de la Clínica Casaverde Alicante

Gran parte de los casos se diagnostican en las consultas de Atención Primaria, gracias a recursos como el M-CHAT-R, una lista de verificación con 20 preguntas para evaluar el comportamiento de los pequeños. La falta de respuesta al oír su nombre, la dificultad a la hora de mantener la mirada, o simplemente para seguir estímulos visuales, son algunas de las señales que pueden alertar de la existencia de un TEA.

La directora de la Clínica Casaverde Alicante recuerda que una vez que el trastorno se identifica en las consultas de primaria, se suele derivar al niño a un neuropediatra con tal de que se efectúe un plan de intervención personalizado. «Ese plan también puede incluir farmacoterapia para abordar los problemas de sueño, así como posibles crisis de ansiedad o epilepsia». 

Una condición heredable

Isabel Ochando, responsable de la Unidad Citogenética Nuuma Genetics, ha hecho hincapié durante la jornada en el «alto peso que tiene la genética» en el TEA, y es que se trata de una de las condiciones «más heredables» conocidas por la ciencia médica, con un riesgo de heredabilidad entre el 64 y el 91%, y con una prevalencia 3.8 veces superior en hombres que en mujeres.

Según ha explicado Orchando, en la actualidad se conocen más de 800 genes implicados en el desarrollo del autismo, que influyen en que la probabilidad de tener un segundo hijo con TEA sea del 15 %, un porcentaje que aumenta en posteriores nacimientos.

En la línea de mantener los cribados y el diagnóstico precoz de los niños con TEA, Sirvent también alude a la idoneidad de que la Administración dote a los centros educativos de más recursos para el tratamiento de estos usuarios. «Los niños con TEA requieren de muchas terapias, que por falta de ayudas algunas familias no pueden asumir. También es un reto hacer adaptaciones curriculares en las escuelas a cada alumno que padece esta condición, algo que se puede conseguir adaptando las aulas o ampliando las plantillas de psicopedagogos».

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