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Un ladrón se lleva decenas de envases de detergentes de una tienda Policía de Maryland
Un vigilante de seguridad para los pistachos

Un vigilante de seguridad para los pistachos

Los productos de marca blanca se extienden en los comercios minoristas de EE UU ante una inaudita escalada de robos que ha supuesto el cierre de tiendas y causará unas pérdidas previstas este año de 100.000 millones

Jueves, 7 de septiembre 2023, 00:17

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El último supermercado conceptual de la cadena Walgreens en Chicago es esencialmente corto. Consta únicamente de dos pasillos repletos de productos baratos como pilas, snacks, tiritas y desodorantes de gama básica. Los estantes miden poco más de metro y medio de altura. Cualquier cliente está a la vista y en los extremos hay sistemas de alarma. Para efectuar cualquier otra compra, desde una botella de licor a analgésicos o una lata de coca-cola, es preciso acudir a una pantalla digital o a un empleado que le dirá «relájese mientras hacemos la compra por usted» antes de desaparecer en un almacén donde todos los artículos de mayor precio o que no son de marca blanca se guardan bajo llave.

El establecimiento es uno de los denominados comercios antirrobo que cada vez cobran más presencia en las calles de Estados Unidos. Walgreens, Walmart, Target, Best Buy o Macy's son algunas de las grandes cadenas que se han embarcado en esta conversión, bajo la amenaza de cierre gradual de sus tiendas debido a las pérdidas por el llamado robo minorista. La clásica práctica de afanar un perfume o un refresco ha sido elevada a una escala industrial. Y no es broma. Este tipo de robos causó en 2021 pérdidas de casi 88.000 millones de euros, según el último informe de la Federación Nacional de Minoristas de EE UU, que está a punto de publicar las cifras de 2022. Peores. Se prevén próximas a los 100.000 millones. Y esta campaña no mejorará. Los comerciantes han detectado en lo que va de año un aumento del 26,5% de la delincuencia organizada en torno a sus negocios.

Walmart anunció el pasado diciembre el cierre de 17 franquicias en nueve Estados por las continuas sustracciones. Walgreens ha clausurado cinco en San Francisco, tres en Texas, dos en Florida y una en Chicago al dejar de ser rentables por el mismo motivo. Las imágenes de las cámaras de seguridad de esta firma muestran multitud de hurtos, con personas que se llevan artículos escondidos o a la vista de todos. A veces, entran grupos organizados. A la carrera. Cogen lo que necesitan o lo que está a su alcance y se marchan. Quizá alguno hace mientras una maniobra de distracción. No siempre es necesario. En algunos casos, los guardas de seguridad ni siquiera les interceptan. También Macy's tenía previsto bajar la persiana de cuatro locales en California, Colorado, Hawái y Maryland durante este primer semestre, como anticipo de un programa de cierres de 125 comercios en tres años.

Productos guardados en armarios provistos de vitrinas de seguridad en un supermercado de Estados Unidos.
Productos guardados en armarios provistos de vitrinas de seguridad en un supermercado de Estados Unidos. AFP

El fenómeno ha adquirido unas dimensiones extraordinarias que nadie contemplaba hace una década. Hoy, el acceso a marcas caras es más difícil. Los precios han subido desde el inicio de la guerra en Ucrania; una tendencia generalizada también en Europa, pero en EE UU el alza ha supuesto que lloviera sobre el mojado terreno de una inflación desbocada que, por ejemplo, ha disparado las tasas de interés incluso hasta el 5,50%. A millones de estadounidenses el sueldo se les queda corto. Y la previsión es que seguirá así durante tiempo.

Los minoristas, sin embargo, se fijan más en otros factores. El primero de ellos es lo que consideran una política judicial blanda contra la delincuencia menor. Lo que en España se conoce como entrar por una puerta del juzgado y salir por otra. California, por ejemplo, ha implementado la figura de 'hurto en tienda' que cataloga como un delito menor las sustracciones por debajo de 900 euros y las resuelve normalmente con una multa y no con condenas de cárcel para «garantizar que el gasto penitenciario se centre en delitos violentos y graves».

Una encuesta de la federación nacional entre los consumidores revela que éstos se han familiarizado con la práctica de guardar los productos bajo llave o atados con cables de acero a las baldas, así como a la obligación de pedir artículos a las cajeras, pero el 70% reconoce que los robos son un problema que les inquieta y que la Policía y los jueces son demasiado indulgentes con este delito (51%). Los comerciantes sostienen que esa inquietud merma sus ventas tras detectar un trasvase de clientes que se decantan por hacer sus compras por internet a grandes proveedores debido al miedo a entrar en una tienda que puede ser atracada con ellos dentro.

Por otro lado, el sector asiste a un desmesurado incremento de las bandas organizadas que se apoderan de productos de uso corriente como champús, jabones, detergentes, dentífricos o alimentos envasados de marcas reconocidas que, además, han perfeccionado sus técnicas. Saben lo que deben robar, ya que llegan con 'listas de la compra', y frecuentemente se desplazan de un Estado a otro para complicar su localización o crear un enredo judicial con hurtos en diferentes jurisdicciones con sustracciones «inaceptables», «muy por encima de lo sostenible a largo plazo», según un ejecutivo de la firma Target, y afectan por igual a los pequeños supermercados de barrio que a los establecimientos lujosos de Los Angeles.

Asalto perfectamente planificado a un establecimiento de la firma Nordstrom en Los Angeles.
Asalto perfectamente planificado a un establecimiento de la firma Nordstrom en Los Angeles.

Un vídeo que se ha hecho popular en Estados Unidos muestra a una treintena de encapuchados que irrumpieron en una tienda de Nordstrom en Los Angeles, rociaron a los guardas de seguridad con un repelente para osos y se llevaron decenas de bolsos y complementos valorados en casi 300.000 euros. Ocurrió antes de Navidad. Regalos de alta gama a precios baratos. Sin embargo, el asalto que mejor ejemplo ofrece de la impunidad de los ladrones es el de un Walgreens de Queens donde un individuo cubierto con una capucha y una mascarilla fue capaz de derretir con un soplete una caja de plástico antirrobo –similar a las empleadas en España para guardar bebidas alcohólicas– antes de llevarse todo su contenido. Las agresiones y el riesgo de que el delincuente vaya armado hace que muchos trabajadores opten por quedarse de brazos cruzados.

Mundo del menudeo

Marcas como Colgate, Dove, Pantene o Tide están desapareciendo de las estanterías de los comercios generalistas. Se guardan en el almacén, junto a las cajas registradoras o simplemente deben pedirse online. Quien adquiere un Lego, frecuentemente compra la caja vacía para que se la rellenen con las piezas al ir a pagar.

Otros comerciantes, simplemente, han dejado de expender determinadas marcas para evitarse asaltos. Una gran superficie de alimentación de Washington ha eliminado de los pasillos todos aquellos productos de belleza y salud de marcas nacionales. Los suplementos vitamínicos, mieles, café, material de higiene, bandejas de carne, frutos secos o artículos de bebé figuran entre las mercancías preferidas por los cacos. La mayoría acaban en el mundo del menudeo o puestos a la venta al margen de la ley en internet, mercadillos de legalidad dudosa e incluso neblinosas tiendas de segunda mano. Las redes más sofisticadas son capaces de modificar los códigos de barras de los artículos, hacerse pasar por comerciales y venderlos a los propios minoristas.

Un cliente logra reducir a un ladrón en Arizona.
Un cliente logra reducir a un ladrón en Arizona. Oficina del Alguacil de Yuma

«En muchos casos, los grupos organizados atacan varias tiendas en un mismo día», afirma el sector, que sospecha que «sus beneficios financian otras actividades ilícitas, como las drogas ilegales» o incluso el tráfico de inmigrantes o «la financiación de redes terroristas». Ante esa escalada, cada uno se defiende como puede. La cadena Whole Foods tiene carteles donde pide que se pidan los productos al empleador. Dollar Tree ha puesto en marcha también un «enfoque muy defensivo» en sus tiendas tras caer un 30% sus ganancias.

Giant Food ha contratado más vigilantes privados en sus casi 200 establecimientos, clausurado las puertas secundarias y bloqueado un gran número de productos calificados de alto robo, a cambio de extender los artículos de su propia marca, muy poco atractivos en el mercado ilegal. La preocupación ha llegado a los alcaldes, sobre todo de las ciudades más pequeñas, que consideran que en estas comunidades la existencia de un supermercado genera «prosperidad» y resulta «importante para fines de salud pública» ya que cientos o miles de personas dependen de que abran la persiana cada mañana.

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