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Melania Trump, de 50 años, regresará a los actos politicos con una agenda «escogida». Reuters
Melania Trump enloquece a los republicanos LGTB

Melania Trump enloquece a los republicanos LGTB

La exprimera dama asiste a dos actos de recaudación electorales y rompe su tradicional distanciamiento para apoyar la carrera de su marido

Domingo, 21 de abril 2024, 15:21

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La primera dama que nunca fue primera dama. La frase aplicada a Melania Trump durante la pasada presidencia de su marido podría cambiar radicalmente en caso de que el magnate republicano resulte elegido en los comicios del próximo noviembre en Estados Unidos. Una victoria que es probable según las encuestas y cuyas opciones pueden aumentar si la reservada mujer del candidato entra en acción durante los próximos meses para reforzar la campaña republicana.

DEste fin de semana decidió meter un pie. Por segunda vez en un mes, en su agenda figuraba una cena social; la de recaudación de fondos de los Log Cabin Republicans, un grupo de conservadores LGBT que la aprecian casi tanto o más que a su esposo, Hace cuatro años, esta organización fundada en 1977, un auténtico lobby interno con presencia en los 50 Estados de la Unión, ya desembolso una importante cantidad por cenar con Donald y Melania. Cada invitado pagó por adelantado 10.000 dólares por sentarse a las mesas del club de Trump en Mar-a-Lago este sábado (madrugada de domingo en España) y compartir unos breves minutos de conversación con el matrimonio.

La atracción de la exprimera dama resulta poderosa. Hace quince días lo demostró en otro evento, organizado por el multimillonario John Paulson en su mansión de Palm Beach. Acudieron algunas de las mayores fortunas de EE UU. como el inversor de fondos Robert Mercer, el magnate de los casinos Phil Ruffin o el poderoso empresario de la alimentación John Catsimatidis, que hasta 2009 militó en las filas demócratas.

La pareja en una aparición pública en la Casa Blanca. AFP

La exmodelo eslovaca, casada el 22 de enero de 2005 con el polémico republicano, llegó y deslumbró. Dicen que es inteligente y buena conversadora. Hacía tiempo que los dos no comparecían juntos en un acto político. Ella no le ha acompañado ni a mítines ni mucho menos a sus comparecencias judiciales en el tribunal de Manhattan. Ni siquiera en esos discursos de reafirmación personal que el exmandatario acostumbra a grabarse y difundir en sus redes.

La última vez que a la pareja se le vio junta ocurrió antes de que Trump entrase en la espiral de juicios en la que ahora vive inmerso, con la única excepción del recibimiento hace unas semanas a Viktor Orbán, el presidente húngaro, de visita en su casa de Florida. Allí sí estuvo en la foto como anfitriona. Con anterioridad a esa visita privada, a ella prácticamente solo se la había visto en dos ocasiones: en noviembre, durante el funeral de Rosalynn Carter, la esposa del expresidente Jimmy Carter; y en las exequias por su madre, Amalika Knavs, fallecida en enero.

En estos últimos cuatro años Melania se ha endurecido y la curiosidad a su alrededor ha aumentado. No hay nada como dejar de saber de algo o alguien durante un tiempo como para querer conocerlo todo. En la fiesta organizada por John Paulson, los republicanos –o sea, Trump– recaudaron 50 millones de dólares , la mayor cantidad registrada nunca en un único acto político en Estados Unidos, Como comparación, una cena de precampaña organizada por los demócratas en Nueva York con Joe Biden, Barack Obama y Bill Clinton –tres presidentes en un mismo salón–ingresó 26 millones.

Melania enseña la decoración navideña de la residencia presidencial. Twitter

Quienes se sentaron a la mesa del matrimonio Trump en Florida pagaron 250.000 dólares por cabeza. Claro que muchos multimillonarios acudieron a la cena con el ánimo principal de discutir con el posible nuevo presidente de EE UU la conveniencia de reducir los impuestos a sus fortunas si gana las elecciones.

De la esposa de Trump se ha hablado mucho como de una outsider de lujo en la Casa Blanca. De alguien que no supo, o no quiso, interpretar los códigos de una primera dama. Legendaria es su independencia, la preferencia por la soledad y la búsqueda absoluta de intimidad en los actos cotidianos. Posiblemente nunca se dejará fotografiar a la salida de una clase de jogging como Jill Biden, o paseando al perro, como Joe el actual mandatario. A la Torre Trump de Nueva York entra por una puerta lateral directa a un ascensor privado con rumbo a su apartamento. «Su gente de confianza es su familia. Y ella, sobre todo, ha estado involucrada en la educación de suhijo, que lo es todo», afirman los cronistas de la Gran Manzana.

Lo de la dureza se explica bien. Ha aguantado todo tipo de rumores maliciosos sobre la vida en pareja, ahora le toca soportar el atolladero judicial de Donald Trump, affaires sexuales incluidos, y está la ausencia de su madre, fallecida a los 78 años. Amalika Knavs era una parte fundamental de su universo. La otra, la más grande, es Barron. Su hijo, de 18 años, empezará pronto una nueva vida académica, menos dependiente del ámbito doméstico. Melania, dedicada hasta ahora a él y su educación –para ella, uno de los valores más sagrados–, dispondrá de un tiempo que podría invertir en demostrar si es capaz de ser la perfecta regente de la Casa Blanca.

Junto a Michelle Obama, Laura Bush y Hillary Clinton en el funeral de Rosalynn Carter. AFP

A diferencia de Michelle Obama, Nancy Reagan o Barbara y Laura Bush, Melania fue una primera dama capaz de mantenerse reservada incluso en los actos oficiales. La llegaron a apodar 'la esfinge'. Hay periodistas de aquella época que lo achacan a la inexperiencia política, ya que la pareja saltó de los emporios financieros a la política, sin una carrera previa en todas las actividades, recepciones y galas necesarias para medrar en la carrera. Pero puede haber otro motivo para el distanciamiento. A los Trump se les ha atribuido un proverbial desinterés por lo mundano y por aquellos que no poseen el poder, la gloria y la riqueza.

Luego está Hillary Clinton. A diferencia suya, también, Melania ha sabido echar la cortina a los deslices de su marido. En enero de 2018 salieron a la luz los pagos del magnate a la actiz porno Stormy Daniels. Se supone que la entonces todavía primera dama se sulfuró y se marchó a la mansión de Mar-a-Lago dejando más solo que nunca a Donald en la Casa Blanca. Luego volvió, le acompañó a su discurso sobre el Estado de la Unión y retornó a Florida. Lo único que dijo de los líos legales de su consorte es que son «problema de él».

La antítesis de los Clinton

Con los Clinton, los estadounidenses, todos, acudieron a una terapia de grupo. A veces aquello fue más un culebrón venezolano que 'House of Cards'. Pero con los Trump todo es hermético. Cómo se lleva el matrimonio, sometido a la presión de unos 'affaires' sexuales contados en público con todo detalle y que retratan al magnate con unos instintos no precisamente recomendables, es un «misterio irresoluble», contaba este viernes el escritor Franco Bruni en un artículo en 'The New York Times'. Ha trascendido que duermen aparentemente separados y pasan también largas temporadas en residencias diferentes. «Su vida con su familia (sus sentimientos hacia su familia) es algo que no podemos ver. Y ese punto ciego es una parte importante de lo que puede hacerlo parecer tan inhumano», indaga el autor sobre el candidato.

Pero quizás ese secretismo, que nadie pueda decir ni predecir nada, es lo que ejerce de salvavidas para un tipo que, incluso sentado en el banquillo como lo está ahora acusado de 34 cargos y con riesgo de cárcel, tiene grandes opciones de convertirse en presidente de EE UU. Mucha gente ha compadecido a Melania por tener un marido tan aparentemente despreciativo, pero Kellyanne Conway, exasesora del líder republicano, aseguró en 2022 que Trump solo teme a una mujer. A la suya. Y que ella marca muchas de las prioridades.

Con el caso Daniels o la condena a pagar una indeminización a la escritora E. Jean Carroll, quien acusó al millonario de haberla violado en los 90, también hubo predicciones de divorcio. Lejos de ello, Melania cree que las acusaciones están destinadas a interferir en la campaña electoral de su esposo y son un ataque contra ella y su familia, lo cual la convierte en una rival formidable para quien se cruce en su camino. «Es muy consciente de su personalidad y su celebridad. Esta es una modelo que aprendió a conseguir portadas de revistas y por eso quiere tener el control», dice Mary Jordan, autora de un libro sobre la exprimera dama, convencida de que en los próximos meses se la verá en diferentes actos políticos. No demasiados, pero sí en aquellos que forman parte de «momentos clave. A ella le gusta realzar el interés por sus apariciones siendo escasas». Los periodistas le preguntaron hace dos semanas en Florida si se dejará ver más en la campaña. Ella respondió: «Permanezcan atentos».

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