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Pedro Sánchez (izquierda) y Alberto Núñez Feijóo. EFE
Sánchez y Feijóo se juegan este 9-J su crédito político con la legislatura en el aire

Sánchez y Feijóo se juegan este 9-J su crédito político con la legislatura en el aire

El presidente del Gobierno llega a este 9-J confiado en resistir y el líder del PP busca un triunfo incontestable que no le deje en entredicho

Domingo, 9 de junio 2024, 00:20

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Las elecciones de este domingo determinarán la composición del futuro Parlamento Europeo. No es un asunto menor. El resultado tendrá un impacto directo en la política industrial, en la de defensa o en la de medio ambiente en un momento que algunos líderes de la UE definen como de «preguerra» , a causa de la amenaza rusa, y en medio de una intensa batalla comercial entre Estados Unidos y China. La carrera hacia las urnas estuvo preludiada por la convulsión del intento de asesinato del primer ministro eslovaco, el prorruso Robert Fico, y el final se ha visto sacudido por la agresión a su homóloga en Dinamarca, la socialdemócrata Mette Frederiksen. Pero pese a la trascendencia global de lo que está en juego, el tenso contexto político nacional ha convertido la cita en España en un plebiscito sobre Pedro Sánchez. Alberto Núñez Feijóo lanzó el reto tras la frustración del 23-J y el PSOE ha acabado recogiendo el guante.

Los dos grandes partidos se han empeñado en presentar estos comicios como un punto de inflexión para una legislatura que, siete meses después de la formación del Gobierno, no ha logrado despegar. El PP confiaba en que el rechazo a la amnistía al 'procés', sobre el que ha girado el grueso de su estrategia de oposición, el hedor de la presunta corrupción del 'caso Koldo' y, en la última recta hacia el 9-J, la investigación judicial abierta en torno a la mujer de Sánchez, Begoña Gómez, le permitiría tomarse la revancha de las generales, cuando la inmensa mayoría de los sondeos auguraba una victoria rotunda que se quedó corta. Los encuestas que manejaban unos y otros a horas de la apertura de los colegios electorales no avalan ese escenario.

PSOE y PP llegan al 9 de junio mucho más igualados de lo que los propios socialistas creían hace apenas mes y medio y con los populares clamando por la movilización para espantar una decepción que dejaría en entredicho la fortaleza del liderazgo de Feijóo. El PSOE, con Sánchez como objetivo a batir, se ve en condiciones de repetir, en términos generales, el resultado logrado hace cinco años, uno después de su moción de censura a Mariano Rajoy. España tenía entonces 54 asientos en la Eurocámara y logró 20 escaños; este domingo se reparten 61 y los socialistas esperan rondar la misma cosecha. Tal y como fue planteada la contienda, lograrlo parecerá una gesta. Una gesta que será interpretada ahora como una suerte también de exoneración ciudadana ante la imputación de Begoña Gómez, pero que aun así no acaba con los problemas del tercer mandato del líder del PSOE.

Después de medio año en el que se han sucedido los comicios gallegos, vascos, catalanes y europeos, este 9-J dará paso a una nueva partida, teóricamente sin más procesos electorales hasta 2026 (las andaluzas). Pero las cartas con las que tiene que manejarse Sánchez no habrán cambiado y no son buenas. Él mismo ironizó con ello en el cierre de campaña cuando su candidata, Teresa Ribera, le deseó dos legislaturas más. «¡Pero que sea con una mayoría un poquito más holgada!», pidió.

Cataluña espera

A Sánchez le puede ocurrir, salvando las distancias, algo parecido a lo sucedido con el 12-M catalán: que aguantar ahora y ganar entonces no le allane su trabajoso mandato. Este mismo lunes, cuando los partidos se encuentren aún o celebrando sus resultados o lamiéndose las heridas, la incierta gobernabilidad en Cataluña llamará a la puerta con el primer test sobre el control del Parlament. La determinación de Junts y ERC de desobedecer al Constitucional permitiendo el voto telemático de Carles Puigdemont enmienda el discurso apaciguador de los socialistas. Y con la presidencia del Govern en el alero, el Gobierno tendrá que afrontar a la vuelta del verano la negociación con sus socios de los Presupuestos para 2025 después de haber renunciado a los del presente ejercicio.

Enfrente, y ante la posibilidad de que este 9-J no acabe sentenciando la legislatura o incluso afiance a Sánchez frente a Feijóo, el PP lleva días enfriando expectativas, recordando que las europeas de 2019 supusieron una debacle para el entonces partido de Pablo Casado y evaluando el escrutinio no solo por la distancia que pueda darse entre ambos líderes, sino por cómo queden también los bloques del Gobierno y de la oposición. Pero ha sido el presidente de los populares quien no solo no se ha bajado del caballo de que este 9-J es un plebiscito sobre Sánchez, sino que lo ha incentivado en campaña. Un 9-J en el que la irrupción del agitador Alvise Pérez puede inducir un reajuste perjudicial para los intereses de Génova y los de Vox.

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