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Club de Karate Pozuelo
Afán de superación en el tatami

Afán de superación en el tatami

El Club Karate Pozuelo es referente a nivel nacional de la disciplina de Para-karate, la cual favorecer la inclusión de personas con capacidades diferentes en la sociedad

Isaac Asenjo

Madrid

Miércoles, 8 de marzo 2023, 04:38

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En 2018, la película 'Campeones' consiguió, además de un gran éxito de taquilla y crítica, visibilizar el mundo de las personas con discapacidad intelectual a través del deporte, en concreto del baloncesto. Los equipos que retrata la cinta de Javier Fesser existen. Hay campeonatos de varios deportes colectivos e individuales para ellos aunque hasta el momento están infrarrepresentados en el movimiento paralímpico. Basta con consultar las páginas web de la federación internacional o de la española para comprobarlo. Y también acercarse a uno de ellos. El caso del Club de Karate Pozuelo es único en nuestro país. Cuenta con la disciplina de Para-karate, que representa a más de cuarenta de sus 300 alumnos y en la que pueden participar personas con dificultad motriz, ceguera o disminución visual o discapacidad intelectual, en distintas categorías. En el caso del club madrileño lo hacen quienes tienen un nivel de discapacidad intelectual: Síndrome de Down y trastorno del espectro autista (TEA).

En España hay 256.426 personas con una discapacidad intelectual reconocida, siendo el 9% del total de personas con discapacidad en nuestro país y el 1% del total de la población española, según cifras de la organización Plena Inclusión. El deporte puede ser un excepcional catalizador de la igualdad, y como en el caso de la comedia, ganadora del premio Goya 2019 a la mejor película, el mensaje de Juan Carlos Manrique, entrenador en el club madrileño, es claro y contundente: ¡Inclusión!. No es la única lección que nos deja. Su labor también supone un regreso alegre a una humanidad que parece haberse difuminado en nuestra sociedad actual. Y mediante esta herramienta de inclusión social como es el Para-karate, el preparador con más de 30 años de experiencia apuesta por la valía de estas personas que, día a día, luchan por su integración en una realidad cada vez más exigente. «Dentro de nuestras clases tenemos la suerte de contar con deportistas con diversidad funcional que de manera inclusiva -como no podría ser de otra forma- enriquecen nuestro club con su esfuerzo diario y constancia, sirviendo de motivación al resto de compañeros de clase y competidores», sostiene.

No obstante, el entrenador reconoce algunas dificultades a la hora de entrenar a los deportistas de Para-karate: «La principal es la falta de atención, en muchos esta hiperactividad está muy presente y en aquellos donde no hay un diagnóstico de TDAH claro, se mueven por conductas impulsivas que trabajamos y canalizamos para sacarlas el mayor provecho posible dentro de la actividad deportiva», explica durante una entrevista en la que ahonda que «a nivel motor, la falta de equilibrio y de tono muscular, sobretodo en los deportistas con síndrome de down, es lo más relevante y en lo que más centramos el trabajo fuera de la sesión de karate, completándolo con sesiones de propiocepción, de agilidad y fuerza y que de una manera lenta pero constante, provoca mejoras a medio plazo».

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Imagen principal - Afán de superación en el tatami
Imagen secundaria 1 - Afán de superación en el tatami
Imagen secundaria 2 - Afán de superación en el tatami

En el caso de esta modalidad, se centra en desarrollar la vieja disciplina de 'kata', nada de combates contra otro oponente. Aquí «los participantes demuestran una serie de técnicas de ataque y de defensa delante de los jueces mediante una secuencia de movimientos. Es una especie de combate simulado para demostrar parámetros tales como la velocidad, el control, la potencia o la vivencia, entre otros, y cuanto mejor sea la ejecución, mejor es el resultado. Tienen que memorizar muchísimos ejercicios», explica Manrique, que destaca a Lucas Gea -15 años- uno de sus competidores con síndrome de down y varios campeonatos a sus espaldas: «Es una máquina, puede memorizar katas de 77 movimientos».

Olivia González, 19 años, es otra de las alumnas aventajadas. «Hay quienes necesitan años para memorizar un solo 'Kata', y en cambio otros como ella tardan menos de un mes en hacerlo con los más largos», destaca al técnico, que cuenta que los primeros sorprendidos son sus familias que no se acostumbran a verles salir a competir con la seguridad con la que lo hacen y sin errores de memorización.

Como historia destacable se detiene en Miguel Mayoral -15 años- que a su entrada en el club presentaba un autismo moderado con problemas de relación y comunicación evidentes que les hizo dudar de su progresión, y de si la decisión de entrenar era voluntaria o motivada por su entorno. A día de hoy, destaca, tras año y medio interactuando con compañeros de su edad, viajando con el equipo de competición por toda España sin apoyo familiar ni referente alguno más allá del Staff del club, sale a competir en un pabellón repleto de público, delante de cinco jueces serios y trajeados, y con una megafonía no siempre bien pensada para estos perfiles: «Cuando acaba solo quiere saber si puede salir de nuevo. No podemos decir que Miguel sea ahora extrovertido, pero que el Para-Karate le ha ayudado a relacionarse con iguales, superar los miedos y madurar es más que evidente y así nos lo comenta su familia», indica el coordinador.

Otra de las destacadas del equipo es Andrea Matarí quien, a sus 27 años, no para de acumular reconocimientos. La madrileña ha conseguido llevar una vida normalizada, trabajar (lo hace en recursos humanos de Accenture como auxiliar) e incluso conseguir el cinturón negro de Kárate. «Entró con una película en la cabeza, 'Karate kid', y poco a poco se ha convertido en lo que ahora es: Ejemplo de constancia y trabajo, que contagia a sus compañeros de equipo, ejerciendo de lider y referente indiscutible del club», apunta su entrenador. La joven se toma con profesionalidad la disciplina, pero también con alegría. Le gusta mucho la competición, por lo que no le supone realmente un problema entrenar tanto y sobre todo, disfrutar de lo que hace. «En clase son uno más, sus compañeros se han adaptado a ellos y ellos a sus compañeros sin ningún problema», enfatiza.

El kárate no es deporte paralímpico pero Manrique y sus chicos sueñan con que en París 2024 o Los Ángeles 2028 entre en el programa de los Juegos. Las medallas - de todos los metales posibles - se le caen a este club pionero que acaba de llegar con los bolsillos llenos de Pontevedra, donde se ha celebrado la Liga Nacional. «Este equipo tiene el carácter único de sus viajes, de los chicos viajando sin sus familiares. Son muy autónomos, y eso es gracias a sus familias, que entienden que pueden hacer lo mismo que cualquiera, la diferencia es que a veces necesitan un apoyo. Ellos se encargan de educarles en la responsabilidad y en la confianza. Aquí se les trata de igual a igual. Saben ser autónomos en la calle, se aprende mucho de y con ellos. Pero hay que darles la oportunidad», refleja el coordinador del equipo madrileño, que muestra con satisfacción cómo han viajado recientemente a tierras gallegas con los chavales y ha sido todo una experiencia de convivencia, relaciones, reacciones y autonomía. «Ver su entusiasmo ya es un placer enorme».

La próxima cita en el punto de mira será en Guadalajara, del 22 al 26 de marzo, donde se disputará el Campeonato de Europa. Será el primero donde un componente del equipo representará a su país con el equipo nacional. «Esperamos vivir la experiencia desde la emoción, sabemos que competir a nivel Internacional no es sencillo, la presión será evidente y el nivel de los competidores altísima, pero trabajamos con Andrea para que viva la experiencia y la disfrute, y si rozamos o subimos al podium será solo producto del esfuerzo y la constancia que ella ha puesto desde que empezó a practicar este deporte hace más de 8 años», finaliza Manrique.

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