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La inteligencia artificial salvará la taza de café

La inteligencia artificial salvará la taza de café

La tecnología ayuda a comprender mejor el ADN de las plantas y escoger variedades más resilientes a la crisis climática

Raquel C. Pico

Domingo, 26 de mayo 2024, 07:13

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Cada día bebemos muchas tazas de café —unos 3.000 millones, según algunos cálculos— y cada año que pasa lo hacemos más. Se espera que el consumo global de café suba en un 50% de aquí a 2050. Aun así, y a pesar de esta pasión cafetera, el café está en peligro. La subida de las temperaturas y los efectos del cambio climático en las zonas en las que tradicionalmente se cultiva lo están amenazando. Pero ¿puede la inteligencia artificial (IA) ayudar a solventar la cuestión?

Las estrategias y herramientas por las que están apostando los diferentes actores del mercado del café son variadas, apostando por diversas vías para mantener la producción. Se está estudiando el potencial de otras semillas, del cambio de tierras de cultivo o del uso de nuevas tecnologías. Es en este último punto donde entra la IA.

La inteligencia artificial podría dar el soporte necesario para tomar mejores decisiones en los cultivos y conseguir así que el café sea más resistente a los efectos del cambio climático. La ciencia de datos podría servir potencialmente para seleccionar las mejores plantas de café en términos de resiliencia climática.

Es, justamente, en lo que ha estado trabajando un proyecto del equipo de investigación de Nestlé y que ha sido codirigido con el Instituto francés de Investigación para el Desarrollo (IRD). En él, han colaborado universidades e investigadores de prácticamente todos los continentes desde Uganda a Singapur, pasando por Alemania, entre otros. Su objetivo final era el de llegar a un genoma de referencia de arábica —el cafeto más usado en la producción de café— de muy alta calidad. Y lo acaban de lograr.

Un mapa abierto

Para que la IA funcione, necesita ser alimentada con una elevada cantidad de información. Los investigadores, como explica un portavoz del equipo de I+D de Nestlé, usaron dos grandes tipos de datos. Por un lado, secuenciaron en ADN de «numerosas variedades de café». Por otro, acumularon información sobre sus características, desde su supervivencia a plagas hasta su sabor.

«De forma colectiva, estos análisis generan grandes cantidades de datos que son cruzados y comparados usando análisis específicos y metodologías estadísticas, así como computación de alto rendimiento», apunta.

La cuestión no era solo una curiosidad tecnológica o científica. Si el equipo científico quería llegar a esos datos era por lo que permitirán hacer con el café y su futuro. Si se conocen sus características a un nivel altamente pormenorizado, se pueden buscar los rasgos que lo harán más resistente.

Cuando la compañía presentaba los resultados de la investigación, el responsable del Instituto de Ciencias Agrícolas de Nestlé, Jeroen Dijkman, lo sintetizada en un ejemplo. «Nuestra nueva referencia es como un mapa de alta calidad de una gran ciudad», indicaba. Es lo que permite saber de dónde vienen y qué hace que sean como son las plantas adultas de café.

Todo este procesado de datos y el uso de tecnología de última generación permiten «proveer la base desde la que podemos identificar marcados asociados con trazos de interés como resiliencia o adaptación al cambio climático», como apunta al otro lado del mail el portavoz del equipo de I+D de la multinacional.

Un mapa abierto

De hecho, ya lo están haciendo. «Estamos trabajando en identificar esos marcados en varias poblaciones usando computación de alta capacidad y modelos estadísticos complejos para analizar el ADN», afirma. De este modo, les resultará más fácil predecir los resultados futuros que tendrán esas plantas en las nuevas condiciones de temperaturas, humedad y agua y cuáles serán las que mejor lo sobrellevarían.

Las conclusiones a las que han llegado son datos públicos. El equipo investigador ha publicado en 'Nature Genetics' sus resultados. «Este recurso se comparte al completo y está públicamente disponible, y nos permitirá, así como a los investigadores en todo el mundo, identificar, seleccionar y cultivar mejor variedades nuevas y mejoradas de arábica», señala el portavoz.

Incluso, permitirá ir más allá del cambio climático y el nuevo contexto que crea, estudiando cuestiones, explican, como la resistencia ante enfermedades, cosechas o la calidad de la taza de café. «La producción de café se ve afectada por el cambio climático y enfermedades como la roya» (CLR, por sus siglas en inglés), explica. Trabajar en el genoma de la variante arábica ayudará —o eso esperan— a mantener la producción de café y los medios de vida de la cadena que va de la planta a la taza.

Consumo

50% Incremento

Se espera que este sea la subida de la cantidad de café que se consume en el mundo en tres décadas.

Esto es, al final, lo que importa a primera hora de la mañana, si este tipo de investigaciones garantizarán la bebida del desayuno. ¿Nos estamos asegurando así que seguirá habiendo café a pesar de todo? «Como identificamos en nuestro trabajo y publicamos, la variedad arábica se originó hace unos 600.000 años y todavía está presente en muchos territorios», señala. «Eso es un signo remarcable de resistencia y adaptación», concluye el portavoz, añadiendo que la selección vía marcadores es «un acercamiento clave» para fortalecer a largo plazo su producción.

Pero que el café siga estando ahí no es el único elemento de tensión que el cambio climático genera: las nuevas condiciones de cultivo que crea —como ocurre con otras materias primas como el chocolate— podría impulsar al alza sus precios. Lo importante, por tanto, no es solo que siga habiendo café, sino que sea accesible a todos. Conocer mejor la genética y asegurar la vida a largo plazo del café ayuda a que se mantenga accesible, reconoce el experto, pero otros «factores adicionales», como el contexto sociopolítico, pueden impactar a su vez en los precios de la taza de café.

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