Eólica marina. / Olatz Hernández

La eólica marina busca no repetir los errores de la terrestre

Las asociaciones ecologistas dan el visto bueno a estos aerogeneradores en alta mar, mientras que los pescadores rechazan su despliegue

José A. González
JOSÉ A. GONZÁLEZ Madrid

El viento sopla, pero aún no se sabe si a favor o en contra de la energía eólica marina. Los grandes aerogeneradores ya son un personaje más en el interior de la península ibérica, pero ahora quieren desplegar sus imponentes palas en alta mar. En 2021 se batió el récord de instalación de eólica marina mundial con 21.222 MW, un incremento del 59% respecto a 2020. «Estos números dan una idea de la fortaleza y madurez de esta tecnología», asegura la Asociación Empresarial Eólica (AEE). Sin embargo, ni un solo vatio está en aguas españolas.

El sector está en la casilla de salida a la espera de que el Consejo de Ministros dé luz verde a los Planes de Ordenación del Espacio Marítimo (POEM) «para repartir las zonas del mar y sus usos», apunta Tomás Romagosa, director técnico y coordinador del grupo de trabajo de eólica marina de la Asociación Empresarial Eólica (AEE). En 2021, la offshore, así se llama a la eólica marina, generó 35,3 gigavatios de energía, donde una tercera parte llegó de las islas británicas. Una carrera donde España «tiene como objetivo producir entre uno y tres GW en 2030», según palabras de la ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera. Un paso más para descarbonizar la economía, pero que deja su huella en el lecho marino.

Las particularidades del litoral de la península ibérica complica el despliegue, puesto que los más de 6.000 kilómetros de costa española tienen una profundidad entre 2.500 metros en el Mediterráneo y hasta 4.000 metros en el Atlántico. «La plataforma continental es menor que en el Mar del Norte», señala Antonio Turiel, investigador del CSIC. Precisamente, estas aguas, que bañan el litoral de Reino Unido, Dinamarca, Alemania, Bélgica y Países Bajos, concentran el 64% de los GW generados por la eólica marina en 2021. En la actualidad, de los 28.210 megavatios de offshore instalados, el 99,6% son de cimentación fija, una opción que no es válida para España, la alternativa es la eólica flotante.

«Eso hace que los buques tengan que ir más lejos a faenar y gastar más combustible»

Torcuato teixeira

gerente de la Asociación de Armadores Peca-Galicia-Arpega-Obarco

Una importante desventaja, pero que tiene sus 'pros'. «La instalación se puede hacer con un menor impacto ambiental», responde Virginia Dundas, responsable de programas estratégicos de medioambiente de Orsted, compañía danesa que ha desplegado por el Mar del Norte cientos de aerogeneradores en alta mar. «Tiene menor afección que la fija», apunta Cristóbal López, portavoz del área marina de Ecologistas en Acción. Aunque «independientemente de su anclaje, va a tener un perjuicio y lo importante es que el emplazamiento se haga de forma correcta», apostilla Sara Pizzinato, experta en energías renovables y territorio y portavoz de Greenpeace.

Criterio ambiental

La hoja de ruta para el despliegue de la eólica marina, escrita por el ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, fija varios protocolos y convenios internacionales, como el de Kyoto; el de Ramsar o el de protección al medio marino entre otros, como la base para su instalación. «Tanto la lucha contra el cambio climático como la pérdida de la biodiversidad tienen que ir de la mano», advierte Pizzinato.

El pasado verano, el ministerio liderado por Teresa Ribera abrió una consulta pública para elaborar la normativa que regule la eólica marina en las costas españolas. «Esta crisis no la puede resolver una persona sola, tiene que ser un trabajo conjunto de empresas y gobiernos», comenta la portavoz de la compañía noruega que trabaja en la proyección de aerogeneradores en las costas españolas. «Nosotros tenemos un equipo multidisciplinar con biólogos, técnicos y gente que habla con las comunidades para entender los potenciales impactos», añade. «Hay grandes incógnitas, pero los impactos son evidentes quieras o no disfrazarlos», revela Torcuato Teixeira, gerente de la Asociación de Armadores Peca-Galicia-Arpega-Obarco.

«Tanto la lucha contra el cambio climático como la pérdida de la biodiversidad tienen que ir de la mano»

Sara Pizzinato

experta en energías renovables y territorio y portavoz de Greenpeace

Uno de los cambios provocados por el anclaje, ya sea fijo o flotante, son las zonas de exclusión de pesca. Los actuales proyectos plantean la instalación de estos parques en torno a 20 y 30 kilómetros frente a las costas españolas. «Eso hace que los buques tengan que ir más lejos a faenar y gastar más combustible», denuncia Teixeira. No opinan lo mismo desde varias organizaciones ecologistas: «No afecta a la pesca de litoral, sino más bien a la de arrastre que daña más el fondo marino con las grandes redes que lanzan y es un mal menor», contrapone López. «No es así, afecta también a la volantera, a la palangrera y si me apuras a la artesanal», apostilla el Teixeira.

La pesca de arrastre es una de las más extendidas por todo el planeta, donde, aproximadamente, un 40% de las capturas se realiza con artes que entran en contacto con el fondo marino. «Estas instalaciones no permitirán el despliegue de las redes y tampoco se podrá por donde vaya la línea de evacuación (cable por el que se traslada la energía)», apunta Teixeira. «Estas zonas van a servir de descanso para la pesca y el fondo marino, aunque lamentamos que respecto a borradores anteriores se han eliminado zonas para la eólica marina en pos de zonas de pesca de arrastre y eso no responde precisamente a unas necesidades ambientales», denuncia Pizzinato.

Precisamente, la vía de comunicación del parque eólico con tierra firme es otro de los impactos citados por ecologistas y ambientalistas. En la revista Science of the Total Environment, investigadores españoles alertan de que el transporte de la electricidad generada en alta mar «puede desorientar o, incluso, electrocutar a los animales». «Evidentemente, el ruido también influirá, pero, por eso, tiene que haber un estudio previo y hacerlo en zonas donde tenga un menor impacto», asegura la portavoz de Greenpeace. «La información que hay actualmente es insuficiente para valorar todo», añade.

Aunque las miradas se posan sobre el lecho marino, la superficie marina también es motivo de preocupación. «No hay que cometer el mismo error que con la terrestre y poner aerogeneradores por todos lados», defiende López.

«No hay que cometer el mismo error que con la terrestre y poner aerogeneradores por todos lados»

Cristóbal López

portavoz del área marina de Ecologistas en Acción

Varios estudios han puesto en evidencia que algunas especies de aves modifican sus rutas migratorias para no atravesar los aerogeneradores y «muchas fallecen por impactos», advierte el responsable del área marina de Ecologistas en Acción. «Los últimos borradores de los Planes de Ordenamiento del Espacio Marítimo contemplan las rutas migratorias de las aves», añade Pizzinato. Las organizaciones ecologistas han pedido expresamente al Gobierno que estas instalaciones estén a 30 o 40 metros sobre el mar para «evitar influir en la pesca y alimentación de las aves».

«Lo que hay que tener claro es que hay que dejar un impacto positivo», comenta Dundas. Su compañía se ha unido con la oenegé WWF para frenar la pérdida de biodiversidad porque «la necesitamos y está en todos los lugares», asegura. Junto con esta organización trabajan en Dinamarca en la 'plantación' de arrecifes impresos en 3D para hacer crecer la población de bacalao, pero su preocupación va más allá de su 'patria. En Taiwán, Orsted ha iniciado un proyecto piloto para plantar estos arrecifes en los cimientos de las turbinas para combatir su extinción. «Si se hacen las cosas bien no se cometerán los errores de la eólica terrestre», destaca López.