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Agentes de la Policía Local acompañan a un grupo de vecinos de vuelta a casa TA
Olor a humo y el recuerdo de la tragedia en el regreso a casa

Olor a humo y el recuerdo de la tragedia en el regreso a casa

Los vecinos desalojados del incendio de La Vila Joiosa vuelven a sus viviendas todavía conmocionados por lo sucedido

Martes, 5 de marzo 2024, 08:06

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Gritos, caos y humo. Ese es el recuerdo común de todos los vecinos, los más de 120 desalojados y los que quedaron confinados en sus casas, de la urbanización situada en el número uno de la avenida Els Mariners de La Vila Joiosa en la que en la madrugada de este lunes se declaró un incendio que acabó costándole la vida a tres personas, un niño de sólo cinco años, su padre y su abuela.

A primera hora de la mañana, poco después de haber salido el sol, un gélido viento procedente del cercano mar Mediterráneo acompañaba a los primeros vecinos que, camino del trabajo o del colegio de los niños, salían a la calle. La misma en la que habían pasado, en muchos casos, las horas más angustiosas de sus vidas la noche anterior.

Todos ellos, con los signos evidentes del susto en el rostro en forma de ojeras y todos, sin excepción, todavía sin poder creer o entender por completo lo sucedido sólo unas horas antes.

Daniel y Marina son una pareja que habita en el mismo bloque de la vivienda calcinada. Pese a todo lo vivido, aseguran que han tenido suerte. Primero, porque pudieron salir del edificio sin demasiados problemas. Después, porque pudieron volver a su casa «y dormir con algo de tranquilidad».

Ambos aplauden «la rapidez de los bomberos, porque lo extinguieron enseguida», aunque a Marina no tardaron en aparecerle fantasmas del pasado más reciente ya que «mi tía vive muy cerca del bloque de Campanar», pero Daniel subraya que muy pronto se dieron cuenta de que «no eran las mismas imágenes».

Vivienda afectada.
Vivienda afectada. T. A.

Ellos, aseguran, pudieron salir rápido. «Estábamos durmiendo y escuchamos los gritos de la gente y la alarma». Otros vecinos, sin embargo, no pudieron actuar tan rápido y quedaron confinados en el interior de sus viviendas.

«Cuando traté de salir al rellano había muchísimo humo y no tuve más remedio que volver a meterme en casa porque no se podía respirar», cuenta una vecina cuya casa se encuentra en el «piso 24», es decir, el último del bloque.

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Ella tuvo que esperar a que los bomberos dieran por extinguido el incendio, algo que se produjo «sobre las cinco de la mañana» para poder salir, aunque para esa hora los propios efectivos ya permitieron a la mayoría de los más de 120 desalojados volver a sus casas.

Sólo una familia, la que habita la vivienda inmediatamente contigua a la que ha quedado calcinada, ha tenido que ser trasladada a un hotel de la misma localidad de La Vila Joiosa. Ahí estarán, según ha explicado el president de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, «hasta que se les pase el susto».

Un testimonio desgarrador

Pero, sin duda, uno de los testimonios más sentidos y emocionados de cuantos se produjeron en las horas inmediatamente posteriores a ese incendio que se ha cobrado tres vidas fue el de Álex, que no sólo es vecino de esa urbanización, sino «amigo y compañero de trabajo» del padre de familia fallecido.

Con Nacho compartía trabajo «en el hotel Bali», uno de los rascacielos icónicos de Benidorm situado a sólo 10 minutos andando de ese lugar. «Era muy buena persona», asegura de su excompañero, del que, antes de romper a llorar, sólo puede recordar que «era muy buena persona».

Todavía impactada por «el olor a humo», otra de las vecinas que trataba de comprender lo sucedido sólo unas horas antes es Maite. A ella, dice, le «salvó la vida» su hijo porque «me tomo una pastilla para dormir y no me había enterado de nada. Él ha tenido que venir aporreando la puerta y me ha sacado sin que yo me enterara muy bien de lo que estaba pasando».

Algo similar a lo que le sucedía a su amiga Ivonne, de nacionalidad polaca y «vecina de la urbanización desde hace nueve años». En su caso, «el primero que nos alertó fue nuestro perro, que se puso a aullar como para avisarnos de que estaba pasando algo malo. Después sonó la alarma y fue mi hijo el que reaccionó enseguida y me dijo 'vamos mamá, tenemos que irnos'».

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