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El concejal Manuel Villar comenta con el alcalde, Luis Barcala, en un pleno. Shootori
El alcalde que se llama al orden a sí mismo

El alcalde que se llama al orden a sí mismo

Benidorm, un desfile de moda de ayer, hoy y siempre

Sábado, 30 de marzo 2024, 09:23

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Esta cotorra suele volar por las inmediaciones del Ayuntamiento de Alicante cada jueves de pleno -martes en este mes tan festivo por la Semana Santa-. En esta ocasión la algarabía, manifestaciones, protestas y barullo general del Salón Azul de la casa consistorial han sido sustituidos por más sillas y menos concentraciones, en virtud del artículo 97 del Reglamento Orgánico del Pleno (ROP) sobre las llamadas al orden durante los debates y del 94.6 sobre el público asistente.

Tal y como ya advirtió el pasado mes de febrero el alcalde de Alicante, Luis Barcala, estaba dispuesto a aplicar con mucha más dureza estos artículos en los próximos plenos. Algo que ya comenzó en marzo.

El primero en ser llamado al orden fue el concejal de Compromís, Rafa Mas, que obtuvo el récord durante el pleno de marzo de ser amonestado en dos ocasiones -de haber sumado una más habría sido expulsado de la sesión-. El público fueron los segundos en tener una de estas llamadas de atención. Pero el tercero fue el propio alcalde, que durante una intervención del portavoz de Mas comentó algo al oído de su compañero Manuel Villar, ante lo que el portavoz de Compromís hizo notar que interrumpía su intervención y Barcala comentó que si lo había sentido así se llamaba al orden a sí mismo y en paz.

La vestimenta turística

Primero fueron señales sutiles. Alguna pluma blanca aquí y allá. Pero luego, la cosa se fue haciendo más evidente. La vista, desde aquí arriba, ya no es la que era y ahora, para ver bien las cosas, esta cotorra tiene que volar más bajo que nunca. Cosas de la edad, pensaba mientras me entretenía contemplando la procesión de coches que entran estos días a la ciudad de Benidorm para que sus ocupantes pasen unos días de vacaciones en Semana Santa.

Cosas de la edad… y del paso del tiempo. Antes, con echar un rápido vistazo a la vestimenta del personal, una era capaz de adivinar, con muy poco margen de error, la nacionalidad del turista de turno. Los españoles, siempre tan austeros con sus pantalones milrayas, sus rebequitas por si refresca o sus zapatos impolutos. Los centroeuropeos, incluidos los británicos –eran otros tiempos–, con sus vestidos floreados y las camisas remangadas. Los nórdicos, casi sorprendidos por no encontrar un iceberg flotando en la orilla, dejando asomar brazos y piernas blanco nuclear sobre sus eternas sandalias con calcetín.

Pero el tiempo pasa y lo hace para todos… también para la moda de nuestros turistas, como ha podido contemplar esta cotorra. Siguen siendo mayoría, a estas alturas del año, los jubilados; pero ya resulta imposible saber desde dónde llegan si no se les escucha hablar o, directamente, se les pide el pasaporte.

Da igual si uno se subió al autobús en Ferrol o en Tarifa. Es lo mismo haber despegado desde Manchester, Múnich o Marsella. Hoy todos visten igual. Como sus nietos, pero con algo más de decoro. El vaquero, antes prohibido una vez cumplida cierta edad, es un 'must' en cualquier maleta y la combinación con polos, camisas de manga corta o pecho descubierto, lo más habitual.

Lo único que no cambia, por mucho tiempo que pase, es la amplísima gama de resistencia térmica del viandante en cuestión. En estas Semanas Santas tan prontas Benidorm mantiene, para regocijo de esta cotorra, un patrón inmutable que viaja desde las muchas capas, incluidos jerséis y abrigos de los locales (invierno extremo, dicen que es esto) y la práctica desnudez de esos escandinavos que parece que todavía guardan en su ADN la mítica resistencia al frío de los vikingos originales.

El paseo de Levante de Benidorm es, a finales de un mes de marzo, una suerte de Fashion Week atemporal en la que una, pese a los achaques, vuelve a sentirse joven porque, por suerte, hay cosas que nunca cambian… ni lo harán.

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