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La catedrática Asunción Gómez-Pérez, durante el acto de su ingreso a la RAE, este domingo, en Madrid. Real Academia Española
La RAE entra al siglo XXI con el ingreso de una catedrática de inteligencia artificial

La RAE entra al siglo XXI con el ingreso de una catedrática de inteligencia artificial

Asunción Gómez-Pérez, la mujer #14 en la historia de la institución, plantea entrenar a las máquinas con materiales lingüísticos y catalogar en tiempo real las nuevas palabras que detecten en la red

Domingo, 21 de mayo 2023, 20:28

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Una revolución tecnológica remueve desde este domingo la Real Academia Española (RAE), con el ingreso de una especialista en semántica e informática, experta en el moderno oficio de generar máquinas capaces de aprender, razonar y hablar. La catedrática Asunción Gómez-Pérez, vicerrectora de Investigación e Innovación de la Universidad Politécnica de Madrid, de 55 años y madre de tres hijas, ocupa ahora el sillón 'q' minúscula con una misión: «poner la inteligencia artificial al servicio de la lengua española» y que «los materiales de la academia estén en los formatos de la inteligencia artificial», mantuvo en su discurso de ingreso, este domingo en la sede de la RAE, en Madrid.

Apoyada en su candidatura por Luis Mateo Díez, Pedro García Barreno y Salvador Gutiérrez, la investigadora de ontologías y algoritmos, propone que «las máquinas que usan la lengua española sean entrenadas con materiales lingüísticos fiables». También asume este «inmenso privilegio que nunca soñé alcanzar» con la intención de usar la inteligencia artificial para «analizar», «extraer» y «catalogar» los vocablos que se originan en internet en tiempo real; y volcar los «materiales» de la RAE al ciberespacio para contribuir al aprendizaje profundo.

Un mes después de que ingresara Dolores Corbella y sumen ya 14 las mujeres que han formado parte de esta institución en toda su historia, Gómez-Pérez plantea a sus nuevos colegas una serie de preguntas de novísima filosofía. «¿Entienden los modelos de lenguaje lo que escriben? ¿Debe prevalecer la regulación o la ética? ¿Es necesario realizar una parada tecnológica?». Su discurso de ingreso es una clase magistral sobre las tecnologías de aprendizaje profundo y no olvida las cuestiones específicas que atañen a la RAE: «¿Ayudan las tecnologías digitales a sostener sólidamente el sistema lingüístico del español y a divulgar sus normas? ¿Qué puede hacer la academia para que sus recursos sean de utilidad?».

Profundos cambios

Más acostumbrada a estar en «laboratorios llenos de computadoras» que en salones de madera y terciopelo, se presenta de esta manera: «Enseño inteligencia artificial e ingeniería ontológica. Mi laboratorio en la Universidad Politécnica de Madrid está lleno de computadoras. En él imaginamos tecnologías en la frontera del conocimiento; realizamos tesis doctorales y proyectos que permiten avanzar a las administraciones públicas y al tejido empresarial en multitud de dominios».

Ampliado el universo de los diccionarios y las novelas en papel, las propuestas de Gómez-Pérez bajan a la tierra a una institución que bien puede emplear meses en discutir la pertinencia de una tilde. Ella quiere dar un giro también a la relación entre la RAE, a la que llama «corporación», y los «actores de la nueva economía de la lengua». Así los usuarios ya no serían solo los 20 millones que consultan ahora la web. Para lograrlo, sin embargo, se necesitan nuevos 'software', plataformas, servicios sofisticados y transformación de diccionarios que en el futuro hagan que «el número de consultas de las máquinas pueda, en pocos años, superar al número de consultas de las personas».

El negocio sobre el que se sustenta esta academia debe abrir perspectivas. Es lo que Gómez-Pérez llama «gobernanza» y «rendimiento». «Los materiales de la corporación se podrían utilizar para construir un gran modelo de lenguaje en español», algo que «no está al alcance de cualquier empresa, debido al volumen de los corpus, a la infraestructura de computación requerida, a las enormes cantidades de energía empleadas para su entrenamiento y ajuste», expone quien reconoce que «mis inquietudes lingüísticas se acercan más al uso de la semántica de las palabras por las máquinas y al multilingüismo computacional que a los saberes de esta docta casa».

Arriesgado y atrevido

Entrar al siglo XXI va a requerir «generar un ecosistema de innovación abierta», «incorporar más inteligencia artificial en los procesos productivos de la RAE para agilizar sus tareas cotidianas», redactar mejores «licencias» con «terminologías y formatos estandarizados e interoperables que puedan ser procesados y entendidos» por algoritmos, para que los «materiales lingüísticos de la RAE puedan ser consumidos masivamente».

Para llevar a la RAE a lo más alto de la inteligencia artificial que use el idioma español, Gómez-Pérez sabe que encontrará dificultades. Será «arriesgado y complicado, debido a la dependencia de las grandes empresas tecnológicas. Además, es atrevido, pues la tecnología avanza muy rápido y las actuaciones requieren de un ecosistema de innovación abierta, que actualmente no existe». No pocos asistentes se revolvían en sus sillones en el acto de este domingo. Hubo una pregunta que no se planteó, no obstante: ¿la inteligencia artificial llegará a sustituir a los académicos de la RAE?

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