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Atragantamientos: cuando comer da paso a una emergencia
Primeros auxilios

Atragantamientos: cuando comer da paso a una emergencia

Cada tres horas hay un fallecimiento por este motivo en España y los expertos explican los mecanismos fisiológicos y las medidas de prevención

Alberto Martínez de la Calle

Miércoles, 3 de abril 2024, 12:19

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Un hombre de 63 años ha fallecido este martes al atragantarse mientras comía un sandwich en un bar de la localidad valenciana de Aldaia. Un tipo de accidente por el que mueren cerca de 3.000 personas cada año en España. ¿Qué mecanismos fisiológicos están involucrados en este tipo de desgracias? ¿Cómo pueden evitarse? ¿De qué forma actuar ante un caso así? ¿Cuánto tiempo hay? Profesionales sanitarios analizan todas estas claves y realizan un llamamiento a la precaución y la formación por encima de todo.

Rosa Hernández, facultativa especialista de área en otorrinolaringología en el Hospital General de Valencia, abre la puerta de su consulta para analizar detenidamente los procesos de atragantamiento, diferenciando entre niños, adultos y ancianos. Las estadísticas resultan sobrecogedoras. Cada menos de tres horas se produce un fallecimiento por este motivo en España. Y es que se trata de la tercera causa de muerte no natural en el país, sólo superada por los suicidios y las caídas accidentales. Según el INE, entre las 2.994 que perdieron la vida de esta forma en 2021, hubo 1.120 mayores de 65 años. Un año antes, en 2020, la cifra global había sido de 2.511. Una tendencia al alza relacionada con que la población está cada vez más envejecida. En cualquier caso, los profesionales también inciden en la vulnerabilidad de los niños.

Precisamente, en niños de entre uno y tres años, los atragantamientos son la segunda causa de muerte en el hogar. Un riesgo que también se puede trasladar a las escuelas. De ahí que Carlos Buchó, secretario de Acción Sindical de SATSE Comunidad Valenciana, apueste por la implantación de la figura de la enfermera dentro de los centros educativos. Se trata de una iniciativa que, al margen de favorecer la atención profesional, serviría para formar a los docentes de cara a situaciones de emergencia.

Rosa Hernández, quien da prioridad absoluta a la «prevención dirigida a educadores y padres», pone encima de la mesa el riesgo de alimentarse y hablar al mismo tiempo. Una costumbre muy extendida entre los adultos, sobre todo en celebraciones: «Está la vía aérea y la vía digestiva. Tenemos la laringe abierta por el tema de la fonación y estamos comiendo, entonces falla el reflejo deglutorio. Y viene la tos, que es un mecanismo de defensa para expulsar hacia fuera ese contenido que se ha pasado a la vía aérea. Los niños están acostumbrados a hacer ruidos mientras comen. Ríen, lloran... Hacen movimientos aspirativos. Y eso puede conducir a que el alimento, líquido en los lactantes pero también sólido en los más mayores, se cuele. Un niño tampoco tiene la dentición preparada ni un buen contacto de mandíbulas, entonces no tritura».

30 masticaciones

Los expertos aconsejan realizar entre 20 y 30 masticaciones antes de cada deglución, aunque lógicamente influye el tipo de alimento.

Los expertos aconsejan realizar entre 20 y 30 masticaciones antes de cada deglución, aunque lógicamente influye el tipo de alimento. En el caso de los críos, Rosa Hernández dibuja unas líneas rojas: «Siempre es mejor prevenir. A un niño pequeño no hay que dejarle con frutos secos ni con elementos pequeños o elásticos. Los frutos secos son un alimento que el niño tiene que empezar a tomar cuando es bien mayor, igual que los caramelos o los chicles. Y los alimentos pastosos son muy peligrosos porque no los masticas del todo al ser blandos y los puedes deglutir fácilmente, pero también se pueden impactar. Por ejemplo, un queso muy blando o un sándwich son alimentos muy pastosos. Lo tragas con facilidad y es sólido. Incluso el pan mucho rato en la boca se queda como una pasta que encima se va hidratando y coge volumen y es pegajoso. Un bolo de carne, al no estar adherido, es más fácil que lo puedas extraer en las maniobras».

Rosa Hernández, integrante de la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL), apunta la necesidad de incorporar los alimentos de una forma paulatina y habiendo asumido texturas: «Pasas de líquido a semisólido, que son las papillas. Luego fruta muy blandita… Vas subiendo conforme te manda el pediatra. Y cuando empiezan a introducir el sólido, que sea bajo supervisión estrecha». Al mismo tiempo, insiste en la conveniencia de que los niños mantengan la concentración a la hora de alimentarse: «No puede estar jugando al mismo tiempo». Y fuera de los momentos de las comidas, hay elementos peligrosos como «los juguetes que no toca y los globos».

Cuando un alimento o un objeto pasa a la vía aérea, se produce la crisis: «El tamaño y la localización de la obstrucción marca el pronóstico de riesgo vital. La luz del tubo traqueal de un niño es muy pequeña. Si el cuerpo extraño se ha anclado ahí es muy difícil. Es una extrema urgencia. Por eso hay que intubar y derivar a un centro hospitalario para una laringoscopia y una broncoscopia. Pero hasta que llega el SAMU la persona que está con el niño tiene que intentar todas las maniobras posibles». En los más pequeños, el aspecto de su cara resulta determinante. «Sus labios y su piel nos pueden orientar sobre si está entrando algo de oxígeno o nada. El niño rápidamente empieza a palidecer, los labios se ponen azules y eso nos dice que estamos ante una extrema urgencia. Si el niño comienza a manifestar signos de falta de aire e incluso pérdida de consciencia, habría que iniciar una reanimación cardiopulmonar. Por eso aconsejamos que las personas que están en contacto con niños en centros educativos conozcan ese tipo de maniobras para actuar hasta la llegada del servicio de emergencias», avisa Rosa Hernández. La apnea debe durar escasos minutos, ya que el daño isquémico aparece pronto.

Práctica de primeros auxilios.
Práctica de primeros auxilios. L. P.

Cuando se trata de personas de avanzada de edad, también crece la propensión: «Para ellos a veces el sólido es muy complicado y el líquido también. Tienes que adaptar la textura a la persona. Estamos aumentando mucho la esperanza de vida y también hay muchos accidentes cerebrovasculares y comienza a haber problemas neuromotores asociados a la morbilidad del anciano». Los problemas de la deglución resultan notorios: «Provocan muchas más muertes de las que pensamos. Ya no por el tema del atragantamiento urgente, sino por el tema de la aspiración y la neumonía que puede ocasionar. Como tiene muy deteriorados los reflejos, un anciano es capaz de estar aspirando líquidos sin manifestarlo con tos y venir con una neumonía. En estos casos hay que espesar los líquidos». La alimentación, un proceso complejo.

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