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Exoesqueltos, prótesis... La biología y la ingeniería se alían para mejorar nuestra salud

Exoesqueltos, prótesis... La biología y la ingeniería se alían para mejorar nuestra salud

«Todos estos artilugios antes eran ciencia ficción, pero hoy en día ya los comercializan varias empresas», coinciden los expertos

Sara Borondo

Domingo, 19 de marzo 2023, 00:35

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Los implantes diseñados para mejorar nuestra salud no son algo nuevo. Los cocleares, por ejemplo, esos aparatitos que permiten a una persona con sordera tener sensaciones de sonido, comenzaron a utilizarse en España a finales de los 80, pero en los últimos años se ha avanzado mucho en este terreno. Y se ha progresado no solo en el uso de prótesis mecánicas (exoesqueletos), sino también en la fabricación de tejidos biológicos para ayudar a regenerar los propios y en la electroestimulación cerebral profunda, la transmisión de señales eléctricas a áreas específicas del cerebro para, por ejemplo, reducir los temblores producidos por enfermedades como el parkinson. Esta última técnica incluso puede quedar obsoleta en breve, puesto que desde hace un tiempo se usan haces de ultrasonidos para quemar una parte del cerebro y reducir así los temblores.

Según explica Eduardo Rocon, investigador en el Centro de Automática y Robótica del CSIC y la Universidad Politécnica de Madrid, «ahora no solo se conoce mejor el cerebro, sino que también la propia electrónica es cada vez más miniaturizada y compatible con el cuerpo humano. Circunstancias que están favoreciendo la creación de prótesis oculares y motoras que generan movimiento decodificando la información cerebral». En definitiva, tecnología y biología se alían para mejorar nuestra salud.

Tetraplégicos que se levantan

Rocon, que investiga desde hace 20 años la creación de exoesqueletos para ayudar a rehabilitar la marcha, asegura que «todos estos artilugios antes eran ciencia ficción, pero hoy en día ya los comercializan varias empresas. Todavía no diría que son sistemas biónicos porque están acoplados al cuerpo humano, pero se ha avanzado mucho tanto en la parte mecánica para crear el movimiento como en entender las intenciones del cerebro humano para poder controlarlos».

No obstante, estas prótesis externas no llegarán a sustituir tan pronto a la silla de ruedas, puesto que todavía son muy lentas. Ahora mismo, son más bien un complemento a las soluciones clásicas de movilidad. De hecho, una empresa francesa ya fabrica exoesqueletos que permiten moverse a tetrapléjicos, «pero como lo hacen tan despacito, de momento solo se utilizan en trabajos de rehabilitación con el objetivo de ayudarles a controlar su sistema motor», aclara el especialista.

El problema del control

El principal obstáculo que presentan las prótesis robóticas que sustituyen una extremidad o parte de ella, y que tienen una funcionalidad igual o superior a la de una natural, es precisamente el control. Es decir, que la máquina entienda las indicaciones de la persona, de ahí que las investigaciones en este campo se centren en conocer cómo el cerebro codifica la información para realizar después los movimientos del cuerpo.

En las prótesis actuales, la persona que la lleva debe aprender a disociar los movimientos y entrenar ciertos músculos. Sin embargo, si esta investigación llegase a buen puerto ya no tendría que hacerlo, sino que el cuerpo 'funcionaría' de la misma manera que con sus propias extremidades y el sistema lo entendería. Según Rocon, «este va a ser el siguiente movimiento disruptivo. Seremos capaces de entender mejor el cerebro y controlar sistemas mucho más complejos. Ahora somos capaces de guiar a un robot con el cerebro, que empiece a caminar o que se pare, pero todavía no somos capaces de controlar los grados que gira una rodilla».

¿Tendremos un 'tercer pulgar'?

Otra de las nuevas líneas de investigación en robótica apunta en una dirección algo sorprendente, la de ampliar las posibilidades del cuerpo humano. En el University of Cambridge's Plasticity Lab (Reino Unido) estudian neurociencia aplicada a dispositivos de asistencia, además de investigar una prótesis que actúa como «tercer pulgar». Este dispositivo, que se sujeta a la mano –entre el meñique y la muñeca– y se controla mediante sensores de presión en los zapatos, puede servir para coger objetos o manejar herramientas. Uno de los primeros y más conocidos ejemplos de esta tecnología son las prótesis deportivas que se usan para correr. En lugar de simular la forma de un pie, se diseñó una lámina de fibra de carbono en forma de C invertida que favorece el impulso del corredor.

También se ha avanzado mucho en la creación de materiales implantables. Según explica Beatriz Olalde, directora de biomateriales de Tecnalia, «la idea es que ayuden a que el tejido al que sustuituyen crezca rápido y se regenere. En lugar de quitar parte del tejido sano para que pueda encajar alguna de las prótesis estándar que hay en el mercado, el implante tendría el tamaño y forma adecuados para esa persona y luego los tejidos se regenerarían ayudados por fármacos o terapia».

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