El cómic más salvaje sobre Cervantes y la Batalla de Lepanto nace entre Alicante y Valencia
La obra mezcla rigor histórico, visiones místicas y dos Migueles de Cervantes para contar la batalla más sangrienta del Siglo de Oro | Sus autores, Juanma Mallen y Jorge Gómez Tresáncoras lo comparan con la película '300' en una galera del siglo XVI
Hay dos cosas que siempre vuelven en España, las cicatrices del Siglo de Oro y las ganas de reescribir la historia desde el músculo creativo. Así es cómo el actor y escritor valenciano Juanma Mallen y el ilustrador alicantino Jorge Gómez Tresáncoras han decidido bajar a los infiernos de la Batalla de Lepanto para traer de vuelta al soldado más famoso de la literatura nacional y universal.
El resultado de este mezcla, nacida entre Alicante y Valencia, es un cómic que rompe moldes, mezcla verdad y delirio, y promete convertirse en el fenómeno 'El manco de Lepanto'. Esta historia no es una biografía académica ni una adaptación de 'El Quijote', sino una descarga de pólvora histórica, sudor, acero toledano y visiones celestiales, contada desde dentro, donde huele a sangre, a astillas de galera y a pólvora húmeda.
Este nuevo cómic sobre la Batalla de Lepanto es, en definitiva, una obra que se define mejor con una frase que sus propios autores repiten. «Lo puedo comparar con la película '300' porque tiene parte histórica pero carece de didáctica, pretende entretener», explica Tresáncoras, encargado de ilustrar las viñetas que narra Mallen a través de la pluma.
Y es que, entre las páginas -pendientes de imprimir, porque para ello han lanzado un Verkami con el que financiar la edición del cómic 'El manco de Lepanto'- aparece un viaje que toma a Cervantes -o mejor dicho, a sus dos Cervantes- y lo lanza al caos de la batalla que le dio su apodo, tanto literal como simbólicamente.
Verkami, pólvora independiente
La obra de Mallen y Tresáncoras se lanzará mediante un crowdfunding a través de la plataforma Verkami -para lo que han contado con la ayuda excepcional de Sergio Bleda, autor de 'El baile del vampiro'-, con edición apaisada, 48 páginas repletas de acción y extras exclusivos para mecenas. Entre estos, ejemplares firmados, dedicatorias personalizadas, láminas limitadas, compromiso de entrega y calidad máxima.
Dos Cervantes, una batalla sin tiempo para respirar
La semilla del proyecto de este cómic germinó cuando Juanma Mallen supo que Alejandro Amenábar preparaba una película sobre Cervantes y Lepanto, la recién estrenada 'El Cautivo'. El actos valenciano hizo pruebas para la producción y al comentarlo a un amigo editor, este lo retó. «Ya que sale la película, ¿por qué no haces tú una historia sobre Lepanto?», recuerda el escritor de la historia.
Investigando, Mallen encontró un dato que cambió por completo su enfoque. En los registros históricos del hospital aparecen dos heridos llamados Miguel de Cervantes. Dos hombres con el mismo nombre, en la misma batalla y con un mismo destino marcado por la pólvora.
Al indagar en esta casualidad, y comenzar a pensar en el proyecto de este nuevo cómic, el valenciano detalla que «no quería contar la historia del héroe, quería transmitir la sensación de estar en el caos. Lo que se siente cuando no sabes si vas a ver otro amanecer». Así, en esta obra, los dos Cervantes coinciden, sangran y deliran, atrapados en una guerra donde no importa quién eres, sino si sobrevives cinco minutos más.
«No quería contar la historia del héroe, quería transmitir la sensación de estar en el caos. Lo que se siente cuando no sabes si vas a ver otro amanecer»
Juanma Mallen
Y mientras las galeras crujen, la mente de un soldado agarra lo que puede para no romperse. En el caso de Miguel, esa tabla de salvación son visiones de ángeles descendiendo al combate. No como estampas piadosas, sino como apariciones fogosas, violentas, casi desesperadas. «Nunca he estado en una batalla, pero no me descuadra que alguien, en pleno horror, vea señales, visiones o cualquier cosa que explique la locura».
El otro lado también sangra
Los autores de este cómic no querían relatar únicamente una épica unilaterial. Por ello, también aparece en este cómic Sulayman, un soldado otomano criado para morir con un sentido religioso férreo, casi programado. «Cristianos y otomanos estaban convencidos de luchar por Dios. No eran villanos ni santos, solo humanos lanzados a un mecanismo político mayor que ellos».
De este modo, el cómic 'El manto de Lepanto' yuxtapone ambas miradas. Dos fe, dos culturas, dos destinos. Ninguna se glorifica; ambas sangran. Y en esa colisión, el lector siente el vértigo moral de un mundo entero colisionando en una cubierta mojada por la sangre y el mar.
Rigor histórico, sudor y espadas que cortan de verdad
Para dibujar esta locura, Juanma Mallen necesitaba un cómplice capaz de manchar las páginas con historia viva. Así entró en escena el ilustrador alicantino Jorge Gómez Tresáncoras, autor, historiador y obsesivo del rigor.
Y es que en esta historia no bastaba con ilustrar espadas. Más bien, Tresáncoras tenía que saber cómo se empuña una en una galera real. Y así lo hizo. Consultó a expertos en esgrima histórica -como es el caso de Pablo Moya Montes, ese compañero de la universidad que siempre está ahí para cuando uno los necesita y más en materia de esta destreza-, estudió armamento, posiciones, herrajes y hasta cómo se tensan las cuerdas en una cubierta naval del siglo XVI.
«Me dijeron: 'no te flipes, que la mayoría llevaba hachas, lanzas y lo que hubiera a mano'. Y jamás dibujar una espada posterior al periodo. Nada de mosqueteros tipo Alatriste», relata con su humor característico Tresáncoras, pues el cómic evita clichés visuales. Nada de romanticismo, capa al viento o plano heroico; sino cuerpos cayendo, astillas saltando, ruido, confusión y pólvora en la cara. Una batalla tan cerrada que un cañonazo mal colocado podía hundir la propia nave.
Así, esta historia se ha dibujado con tierra debajo de las uñas, con una crudeza que también enseña. Porque Lepanto no fue una estampa heroica, sino un punto de quiebre histórico que frenó la expansión otomana y elevó el prestigio militar español por siglos. Y, en medio, un soldado que terminaría escribiendo la mayor obra en castellano. No mientras luchaba, sino mientras sobrevivía.