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Fernando Maestre, en el laboratorio que dirige en la Universidad de Alicante T.A.
Entrevista a Fernando Maestre | «Alicante es una de las zonas cero del cambio climático»
Fernando Maestre, catedrático de Ecología e investigador de la Universidad de Alicante

«Alicante es una de las zonas cero del cambio climático»

El biólogo sajeño alerta de la catástrofe ambiental a la que nos encaminamos, y lo relaciona a uno de los males de nuestro sistema productivo: «la agricultura intensiva es el principal agente desertificador»

Pau Sellés

Alicante

Lunes, 16 de enero 2023, 07:25

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Verdades incómodas. Eso es lo que puede esperar de una entrevista a Fernando Tomás Maestre Gil, investigador de la Universidad de Alicante y una verdadera eminencia mundial en el estudio de la ecología de las zonas áridas. No en vano, el sajeño se encuentra entre el 1% de los autores más citados a nivel global.

El biólogo y catedrático en ecología cuestiona nuestro actual sistema productivo, el cual asegura que se sustenta en el desaprovechamiento de los recursos naturales y un desajuste entre la oferta y la demanda. Maestre ve reflejado este modelo en la realidad agrícola de nuestra provincia, que considera «insostenible y con fecha de caducidad».

También advierte que la Cuenca del Mediterráneo es una de las «zonas cero» del cambio climático, con un incremento de la temperatura que a pocas décadas vista puede poner en peligro nuestra actual forma de vida. Su cuestionamiento le lleva también a reivindicar el papel de la investigación en nuestro país, y a criticar la «falta de entendimiento» que muestran algunos políticos respecto a las evidencias científicas.

¿Crees que los investigadores gozan del suficiente reconocimiento en nuestro país?

Intento ver la botella medio llena, pero eso no me impide ver que la realidad de la investigación en España es bastante triste. En primer lugar, debido a la escasez crónica de recursos, y es que la investigación nunca ha sido una prioridad ni para el sector empresarial ni para la administración pública. No hay más que ver los presupuestos en I+D+i, que son por lo general bastante bajos en comparación a países de nuestro entorno.

En nuestras universidades y centros de investigación tenemos otro problema, y es la creciente burocratización. No me opongo a que nos fiscalicen; al contrario, debe ser así porque nos valemos de recursos públicos y debemos rendir cuentas. Sin embargo, parece que el sistema a veces nos ponga palos en la rueda. El tiempo que dedicamos a la burocracia es tiempo que perdemos para gestionar los 'magros' recursos que se destinan a la investigación.

Entiendo que esta situación redunda en una fuga de cerebros.

En efecto. A pesar de tener la generación de científicos más talentosa de nuestra historia, sufrimos una escasez de plazas de investigación. Muchos jóvenes se van al extranjero para no volver, y los que lo hacen, no gozan de las mismas oportunidades que los que se quedan.

Hay una creciente endogamia y nepotismo en las universidades españolas. Hay veces en que las plazas de investigación no las consigue el más competente, sino el que se ha quedado aquí labrando mejores contactos, o simplemente el que conoce mejor la dinámica interna del sistema.

«Hay una creciente endogamia y nepotismo en las universidades españolas»

Desde el mundo de la investigación se tienden a verter verdades incómodas. Sin ir más lejos, tú defiendes con insistencia que el Trasvase Tajo-Segura tiene fecha de caducidad, algo que no comulga con la postura de los gobernantes de nuestra provincia.

Yo no estoy diciendo nada que no sea verdad, me limito a ceñirme a las evidencias científicas. El problema es que el Trasvase es un tema candente que arrastra una gran carga ideológica. Es difícil tener un debate sereno y sosegado alrededor de él.

¿Y qué dicen esas evidencias científicas?

Los registros climáticos nos permiten saber que en los últimos 20 años la precipitación en la cuenca del Tajo ha ido disminuyendo. Las proyecciones a futuro apuntan a que cada vez habrá menos precipitaciones en la cuenca, algo que se suma a la evapotranspiración derivada del aumento de la temperatura. No olvidemos que buena parte del Trasvase discurre por un canal al aire libre, por el cual el agua se va evaporando.

«Nos guste o no, llegará un momento en que se deberá cerrar el Trasvase Tajo-Segura»

Nos guste o no, llegará un momento en que se deberá cerrar el Trasvase. Y eso no será por capricho del gobierno de turno con la intención de agravar a nuestra región, sino porque sencillamente no habrá agua para trasvasar.

Hay que empezar a prepararse para el futuro, y para evidenciarlo basta con poner un ejemplo. Si circulas a 120 km/h y te dicen que en dos kilómetros hay un obstáculo con el que te puedes estrellar, lo normal es reducir la velocidad. Nosotros, sin embargo, estamos acelerando, porque nuestro regadío no para de crecer.

El equipo que dirige Maestre tiene a su disposición muestras de tierra de diferentes partes del mundo T.A.

¿Qué consecuencias tiene el incremento del regadío extensivo en nuestra provincia?

Hay que saber que la agricultura intensiva es el principal agente desertificador. Yo no digo que debamos eliminar este sistema, ya que es mucho más productivo que el secano y sin él no se podría mantener la producción de alimentos que necesitamos. Pero lo que no podemos hacer es sostener un modelo de crecimiento infinito cuando el recurso que lo sostiene, el agua, es finito y se agota rápido.

Se suele justificar el regadío aludiendo a su alto grado de eficiencia; y no dudo que sea así. En Almería se aprovechan 99 de cada 100 litros de agua que llegan para el riego. Es más, pasando de un sistema de acequia a otro de regadío se puede ahorrar hasta un 40% del agua. ¿Pero qué hacen muchos agricultores con esa agua que se ahorran? Pues incrementar la superficie de cultivo en un 40%; y así no solo dejamos de ahorrar agua, sino que se aumenta la demanda a futuro.

Si reducimos la actividad agrícola, ¿no generaría eso un impacto negativo en nuestra economía?

Siempre se pone en valor la agricultura como motor económico, pero hay que preguntarse adónde va esa riqueza. La realidad es que gran parte de ella no revierte en el territorio. Tomemos como ejemplo las ciudades con población superior a 20.000 habitantes más pobres de España. Según cifras del INE, las primeras de ellas dependen de la agricultura de regadío. La más pobre es Níjar, que sustenta su actividad económica fundamentalmente en los invernaderos.

«Desechamos entre el 30 y el 40 % de las frutas y verduras que producimos. Hay que limitar el regadío con tal de ajustar mejor la oferta a la demanda»

Con tal de maximizar sus beneficios, muchas empresas agrícolas hacen todo tipo de barrabasadas; lo cual incluye pagar los mínimos impuestos posibles, así como dar pie a la economía sumergida y el fraude. Y todo ello por no hablar de la gran cantidad de comida que se tira sin ser comercializada.

Desechamos entre el 30 y el 40 % de las frutas y verduras que producimos. ¿No sería más sensato guardar el agua que usamos para regar ese excedente? Deberíamos limitar el regadío con tal de ajustar la oferta a la demanda. No olvidemos que una parte de los productos desechados se descartan debido a la caída de precios que genera la sobreproducción.

Por lo que planteas, parece que el modelo productivo agrícola ha cambiado en los últimos años.

Seguimos teniendo en la cabeza la imagen del tradicional agricultor que trabaja su propia tierra. Pero la realidad es que muchas de estas explotaciones están en manos de fondos de inversión y de multinacionales. Cuando hayan agotado todos nuestros recursos, nos van a dejar sin agua y además con el suelo contaminado por nitratos y pesticidas.

Solo hay que pensar en lo que pasará en El Ejido y otros municipios almerienses que disponen de grandes explotaciones de invernaderos. ¿Qué ocurrirá cuando no haya agua para sostener su actividad? Pues que todo ese mar de plástico será un gran foco de contaminación. Eso supone un ejemplo de libro de la desertificación, ya que la desertificación no es otra cosa que la degradación de la tierra y su pérdida de capacidad para proveernos de bienes y servicios.

Las evidencias a las que aludes pueden suponer una verdad incómoda para muchas personas.

La situación es grave y requiere que nos sentemos a dialogar de manera sosegada. Sin acalorados debates políticos ni manifestaciones que no llevan a ninguna solución. Las posiciones de nuestros gobernantes no están siempre alineadas con la evidencia científica.

«Nuestra forma de practicar la agricultura tiene fecha de caducidad. Si seguimos apostando por un sistema de regadío intensivo, el sistema va a colapsar. Estamos creando un gigante con pies de barro»

Nuestra forma de practicar la agricultura es insostenible y tiene fecha de caducidad. Si seguimos apostando por un tipo de regadío intensivo el sistema entero va a colapsar. De qué me sirve que la agricultura sea un motor económico si dentro de diez años no se va a poder mantener. Estamos creando un gigante con pies de barro.

¿Qué soluciones planteas para esta situación?

Para empezar, hay que limitar la superficie de regadío. No se puede permitir que el regadío aumente en nuestra provincia al ritmo que lo está haciendo. También debemos ser conscientes de que el agua tiene un coste. Los agricultores no están acostumbrados a pagar lo que cuesta realmente el agua, ya que su uso para el campo siempre ha estado subvencionado.

Por otro lado, habrá que recurrir cada vez más al agua desalada para el riego. Su uso es impopular porque conlleva un mayor coste, pero deberemos acostumbrarnos a ese incremento, tanto los agricultores como el consumidor, ya que se encarecerá el precio final de los productos.

Maestre dirige el laboratorio de Zonas Áridas y Cambio Global de la UA T.A.

Aludías antes al impacto del regadío en el proceso de desertificación. ¿Qué nivel de desertificación sufre nuestra provincia?

La Cuenca del Mediterráneo en general, y Alicante en particular, representa una de las zonas cero del cambio climático. La temperatura está aumentando en el Mediterráneo en mayor medida que la media global. Los modelos predictivos anticipan que dentro de 50 años la temperatura estival podría subir de media entre tres y cuatro grados. Esos aumentos llevarán asociados olas de calor mucho más intensas, incluso fuera de temporada, tal y como hemos visto este pasado año.

«La temperatura está aumentando en el Mediterráneo en mayor medida que la media global. A este ritmo, en 60 años no podremos vivir en Alicante»

Las perspectivas no son nada halagüeñas. Si seguimos así, dentro de 60 años no podremos vivir en Alicante, y nos tocará emigrar hacia latitudes con temperaturas más benignas. Debemos empezar a adaptarnos, y eso pasa por un uso más juicioso de nuestros recursos.

¿Qué medidas puede adaptar la ciudadanía a título individual para revertir esta situación?

Hay numerosas acciones. Desde priorizar el transporte público hasta reducir nuestro consumismo desaforado. También debemos apostar por la compra de proximidad, así como por los productos a granel antes que los envasados. Son medidas que no reducen nuestra calidad de vida, más bien al contrario; nuestra salud agradecería estos cambios.

A su vez, hay que exigir a nuestros ayuntamientos que doten a las ciudades de más zonas de arbolado y que reduzcan el tráfico rodado. Sin ir más lejos, Alicante tiene una cantidad excesiva de tráfico con relación a su tamaño. La calidad del aire en algunas de sus zonas es realmente mala.

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